El español Nicolás Terol, el alemán Stefan Bradl y los italianos Michele Pirro y Loris Capirossi alcanzaron sus sueños este fin de semana en Cheste, aunque por distintos motivos, en un Gran Premio de la Comunidad Valenciana que por momentos se midió por su gran emotividad.

La muerte del italiano Marco Simoncelli destapó en la siguiente cita del campeonato del mundo, en Valencia, el tarro de las esencias, de los aromas en forma de sentimientos, en algunos casos y momentos encontrados, pero que para honrar al finado coincidieron por una vez en la pista y fuera de ella.

Un emotivo adiós cargado de múltiples iniciativas, la más espectacular de todas ellas el minuto de ruido que por primera vez en la historia del campeonato del mundo de motociclismo protagonizaron todos los pilotos de todas las categorías al saltar al trazado valenciano para dar una vuelta al unísono.

Una de las más bonitas fue la insospechada victoria de su compañero en la escudería de Moto2 de Fausto Gresini, su compatriota Michele Pirro.

Una primera victoria que nadie pensó se pudiera producir pero que ya aventó una jornada antes al lograr el mejor tiempo de entrenamientos.

Otro gesto en memoria de Marco Simoncelli lo protagonizó todo un veterano como Loris Capirossi, quien en su último gran premio, tras el que se retiró definitivamente de la competición activa, honró la memoria de su amigo al lucir su dorsal 58 durante la carrera y lo hizo hasta el final para atravesar la línea de llegada en la novena posición.

Además de homenajes a la memoria de Marco Simoncelli en Valencia se debían decidir dos de los tres títulos mundiales de la competición y ambos recayeron en sus principales favoritos, el español Nicolás Terol y el alemán Stefan Bradl.

El alemán fue el primero en proclamarse campeón, merced al anuncio el sábado al mediodía de la baja definitiva de Marc Márquez, el único piloto que podía arrebatarle ese privilegio, todavía no recuperado de sus problemas de visión que, al fijar la mirada le hacían ver doble.

Y menos mal, pues de no ser así lo mismo el piloto teutón nunca habría sido campeón ya que en carrera se fue pronto por los suelos, aunque también es probable que liberado de la presión y los nervios de la situación quizás forzó en una situación que no era la más apropiada para ello.

Todo lo contrario de lo que sucedió en el caso de Nicolás Terol. Al piloto de Alcoy se le disiparon las dudas rápidamente, puesto que no tardó más que tres vueltas en ver rodar por los suelos al francés Johann Zarco y desde ahí se creció hasta llegar a la cabeza de carrera, para dar nuevas muestras de templanza.

Luchó por la victoria y cuando vio que era un riesgo demasiado grande como para que un error le dejase sin las mieles del podio, dejó que un pletórico Maverick Viñales se adjudicase la victoria y se la regalase a su multimillonaria patrocinadora, la estadounidense París Hilton, una de las estrellas rutilantes presente en Valencia.

Juan Antonio Lladós