En somnolientas calles del interior de Cuba recorridas por carros tirados por caballos y por automóviles de la década de 1950, se vuelve a sentir el ruido del comercio.

En un pueblo en el que anteriormente había apenas una sombría cafetería estatal surgió un negocio de sándwiches. Una mujer vende baratijas en un modesto puesto. Un campesino con jeans llenos de polvo hace funcionar una vieja máquina de helados y vende conos a ocho centavos de dólar la bola.

Lejos de la mirada de los turistas, en zonas donde rara vez llegan remesas del exterior, localidades pequeñas como Santa Isabel de las Lajas empiezan a sentir los efectos de una serie de medidas que contemplan la flexibilización del trabajo independiente del Estado y el comercio lanzadas por el presidente Raúl Castro para inyectar dinamismo en la alicaída economía isleña.

Visitas de la Associated Press a más de una docena de pueblos de las provincias centrales de Cienfuegos y Sancti Spiritus permitieron comprobar que la iniciativa privada está asomando en todas las calles principales, en sitios muy golpeados por la declinación de la industria azucarera y por los padeceres económicos que sufre esta nación de sistema socialista.

Incluso en caseríos de una sola calle como Yaguaramas hay humildes comercios que florecen mientras muchos residentes, y la mayor parte de los perros y el ganado, duermen bajo el intenso sol del mediodía.

El gobierno dice que unos 338.000 cubanos de toda la isla tienen licencias para operar negocios privados, incluidos más de 4.500 en Cienfuegos y 14.000 en Sancti Spiritus: tres veces lo que había pronosticado el Estado para este año.

El dinero que generan estas actividades ni se acerca a lo que haría falta para transformar la débil economía cubana, pero a nivel individual, y en las esperanzas de un pueblo chico, los residentes dicen que las reformas han sido muy positivas.

"Es una manera de tener lo tuyo propio", dijo Alain Suárez, quien junto con su familia abrió una "guarapera" en la que vende jugo de caña de azúcar, o guarapo, en la casa de unos parientes en Santa Isabel de Las Lajas, a 25 kilómetros (16 millas) de la ciudad central de Cienfuegos.

El joven de 23 años señaló hacia un puestito que vende pizza al otro lado de la calle y hacia otra sandwichería: "Todos estos trabajos que han abierto de un tiempo para aquí le han dado vida al pueblo", agregó.

Mientras hablaba con un periodista, una docena de escolares llegan para comprar bebidas y una enorme prensa que armó el padre de Suárez con un viejo motor eléctrico estadounidense ronroneaba en una habitación trasera, despidiendo a través de un tubo metálico jugo de caña vertido en un balde cerca del mostrador en el frente de la vivienda.

Los niños pagaron el equivalente a cuatro centavos por vaso y se fueron contentos.

Como demuestra el pequeño puesto de Suárez, un año después de su autorización la libre empresa comenzó a funcionar en un pueblito donde la mayoría de los residentes ganan el equivalente a 20 dólares al mes y todos los antiguos negocios privados --desde pequeños almacenes hasta tiendas de electrodomésticos y grandes fábricas-- fueron confiscados por el Estado a fines en los 60.

Patria chica del legendario músico Benny Moré, la ciudad fue inmortalizada en su canción "Lajas, mi rincón querido", de 1955. Pero desde entonces la localidad vivió momentos duros, incluido el desmantelamiento de una de sus gigantescas refinerías de azúcar en el 2002 y el cierre temporal de otra.

El azúcar fue un pilar de la economía cubana, pero su producción fue decayendo con el tiempo y la cosecha del 2010 fue la más baja en 105 años.

Dejando de lado un festival anual en homenaje a Moré, rara vez llega un turista a Las Lajas y sus residentes dicen que muy pocos reciben remesas de parientes radicados en el extranjero.

Y si bien el gobierno no despidió a medio millón de empleados a nivel nacional, como amenazó en algún momento, eliminó 127.000 puestos de trabajo en todo el país, lo que dejó a mucha gente en Santa Isabel de Las Lajas y en toda la isla sin mucho dinero para gastar.

El interior de Cuba, no obstante, se beneficia de una peculiaridad del sistema económico cubano. Debido a la ineficiencia de las granjas estatales que no producen lo suficiente como para satisfacer las necesidades alimenticias de la población, Cuba es probablemente el único país del hemisferio donde los pequeños agricultores privados son quienes más dinero ganan.

"Pues aquí es al revés" expresó a la Associated Press Omar Everleny Pérez, del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, en la primera entrevista que un economista universitario da a un medio informativo extranjero desde que se anunciaron las medidas en el 2010.

Pérez dijo que los campesinos cubanos sobrellevaron los duros años 90 que siguieron al derrumbe del bloque soviético mejor que los residentes de las ciudades porque podían vender los productos que cultivaban a precios relativamente altos.

"Hay cuentas (bancarias) de 4 y 5 millones de pesos (160,000 a 200,000 dólares) en manos de campesinos" declaró Pérez. Agregó que un 13% de los cubanos tienen el 90% del dinero depositado en los bancos de la isla. "Hay una gran concentración y gran parte es de campesinos", indicó.

Pérez formuló críticas inusualmente francas a las reformas de Castro en ensayos publicados por la Iglesia Católica Romana y otros medios en los cuales dijo que había que hacer todavía mucho más como incorporar a los profesionales cubanos al sector privado, ofrecer préstamos a quienes quieren poner negocios y crear un mercado mayorista que abastezca a los nuevos comercios.

Acotó que entre los más beneficiados con los cambios que hubo está la gente de las zonas rurales y destacó un programa lanzado en el 2008 que puso en manos de campesinos privados --bajo la modalidad de usufructo-- más de 1,3 millones de hectáreas de tierra ociosa.

Si bien abundan los señalamientos de que el programa no funciona bien o tiene limitaciones, ha puesto dinero en los bolsillos de muchas familias rurales, que es gastado en los comercios privados o es usado para abrir otros negocios.

Salvador Parra Maya, músico de 46 años de Rodas, una ciudad de 12.000 habitantes en la provincia de Cienfuegos, contó que su familia invirtió unos 1.000 dólares en una nevera, un mostrador y un horno para instalar un negocio de sándwiches en una habitación de su pequeño departamento.

A una cuadra por la calle principal, una mujer vendía garrapiñadas y un barbero había ampliado su kiosco tras conseguir una licencia para ofertar DVDs pirateados. Tal vez no sea la Quinta Avenida de Nueva York, pero es lo que más se le acerca en Rodas.

"La ciudad ha mejorado", manifestó Maya. "Tiene más ofertas, la calidad de vida del pueblo ha mejorado... hay más vida".

En la propia ciudad de Cienfuegos, con 170.000 habitantes y que parece una metrópoli comparada con Rodas, las reformas económicas hicieron florecer a los restaurantes privados, o "paladares", según indicó Santiago González, un ingeniero propietario de uno de estos negocios con decoración alusiva al rock'n'roll llamada "El Lobo", ubicado en una céntrica avenida.

El restaurante tiene pósters de agrupaciones de rock que estuvieron prohibidas en los años 70 y un cuadro del cantante de KISS Paul Stanley, a quien González se parece mucho.

González aseguró que su local está siempre lleno, con una mezcla de cubanos y de turistas, y puede ganar unos 3.000 pesos cubanos (140 dólares) al mes tras el pago de impuestos, siete veces su salario como ingeniero.

González afirmó que hay entre 40 y 50 "paladares", comparado con los dos que había antes de las reformas.

"Del año pasado a aquí se ve una ciudad en desarrollo, una ciudad que prospera", manifestó González.

El economista Pérez indicó que muchas de estas primeras reformas --y un conjunto de otros pequeños pasos tomados por el gobierno-- apuntan a aliviar los padeceres económicos de la ciudadanía o eliminan prohibiciones que alimentaban burocracias y molestas. Además no le costaron nada al Estado.

En estas semanas por ejemplo se dispusieron exenciones impositivas, se flexibilizaron normas para los comercios y se aprobaron leyes que permiten la compra y venta de casas o carros, antes sujetas a controles estatales.

Pero, añadió el experto, que hay que profundizar las reformas para resolver los problemas económicos de Cuba y realmente elevar la productividad.

Además de préstamos bancarios y de un mercado de mayoristas, Pérez promueve la creación de pequeñas y medianas empresas o cooperativas que negocien directamente con el Estado y que fabriquen botas para los trabajadores, preparen comidas u ofrezcan servicios de transporte, algo que los líderes cubanos prometieron pero no han implementado.

"Estamos en una etapa incipiente... Es un proceso que recién comienza", manifestó Pérez. "El trabajo por cuenta propia (no estatal) genera empleo, pero no hace crecer la economía, vendiendo sandwiches no se hace crecer la economía", manifestó Pérez.

De todos modos, en Las Lajas y en otros pueblos las reformas ya han cambiado la mentalidad de la gente y evitado la partida de muchos jóvenes.

"Es una oportunidad buena", dijo Arelis Contreras, madre de dos adultos jóvenes que dice que ya no teme que sus hijos se vayan porque el pueblo no les ofrece oportunidades.

"No van a tener que emigrar para La Habana o para Santiago buscando una mejoría porque va a tenerla aquí.

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Paul Haven está en twitter en www.twitter.com/paulhaven