La dimisión de Yorgos Papandréu como primer ministro de Grecia, anunciada esta noche en Atenas, pone fin a dos años de gobierno socialista marcados por el fracaso frente a la grave crisis de la deuda del país y por una contestación social feroz.

Papandréu, líder del Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK, accedió este domingo a la exigencia de su homólogo de Nueva Democracia (ND), Antonis Samarás, de abandonar el poder para facilitar la formación de un gobierno de coalición que pueda adoptar con un amplio apoyo parlamentario el último rescate externo y las dolorosas medidas de austeridad que implica.

Los ciudadanos recuerdan aún el famoso eslogan "hay dinero" de la última campaña electoral socialista, que despertó en amplias fracciones de la sociedad la esperanza de que la primera tarea de Papandréu iba a ser un reparto más justo de la riqueza.

El cambio de rumbo abrupto en enero de 2010, a raíz del fuerte endeudamiento del país, fue un shock para los seguidores de los socialistas, numerosos entre los funcionarios y en los sectores más desfavorecidos de las ciudades.

No obstante, a pesar de las medidas impopulares impuestas para obtener el primer rescate financiero, exigidas a partir de mayo de 2010 por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el fondo Monetario Internacional (FMI), el PASOK continuó recibiendo durante meses el apoyo de la mayoría de los griegos, , que les permitió una relativa victoria a las elecciones municipales y regionales de octubre del mismo año.

Pero tres fracasos han llevado luego a la sociedad griega al borde de una revuelta.

El primero fue la incapacidad que mostró el equipo del ministerio de Finanzas para hacer frente a la evasión fiscal.

Un año después de la elección de los socialistas, que habían hecho de la lucha contra la evasión fiscal una de sus principales promesas, el representante del FMI Paul Thomsen advertía de que "no es posible limitar el déficit solo aumentando los impuestos y tasas", y pedía precisamente reprimir la evasión fiscal.

El incremento de la misma, junto a drásticas reducciones de los salarios y de la renta mínima, así como el aumento del IVA sobre los alimentos, exacerbó el sentimiento de injusticia social.

Los griegos tampoco perdonan la mala gestión de los socialistas a la hora de lograr reducir el despilfarro en el sistema de salud pública, a pesar de fuertes recortes de gastos que han degradado la calidad de los servicios,

Y en tercer lugar está la falta de voluntad política para avanzar la liberalización de una serie de profesiones protegidos y la tolerancia que mostraron las autoridades a las reacciones violentas de esos profesionales.

Además, el fracaso del gobierno liderado por Papandréu en el interior del país para conseguir un amplio apoyo a los planes de rescate deterioraron su imagen ante los socios europeos.

El resultado de esos fracasos al interior del país tuvo graves consecuencias par la imagen del gobierno socialista entre sus socios europeos.

A cada reunión del Eurogrupo, a cada Cumbre Europea, a cada Ecofin, los mandatarios griegos llegaban sin haber cumplido con las promesas que habían dado en la reunión anterior.

Así, al sentimiento de injusticia social palpable a nivel nacional se añadió la falta de confianza de la parte de las instituciones europeas y del FMI, que aumentaban de manera excesiva sus exigencias.

Finalmente, el lunes pasado, la sorpresiva propuesta -luego retirada- de Papandréu de someter a referéndum el último rescate pactado con la zona del euro, sin haber consultado previamente sus socios, fue un jarro de agua fría para los mercados internacionales y para los líderes europeos, y terminó por desencadenar la ruptura del mandato de Papandréu.

Por Yannis Chryssoverghis.