El líder del conservador Partido Popular Mariano Rajoy cargó el lunes las tintas en la crisis económica y la tasa de desempleo del 21,5%, mientras que el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba acusó a los populares de tener una agenda oculta para recortar políticas sociales en el único debate televisado entre los dos candidatos a la presidencia del gobierno español antes de las elecciones del 20 de noviembre.

Rajoy y Rubalcaba mantuvieron un cara a cara tenso, pero de guante blanco, salvo en algunas materias económicas en las que se acusaron mutuamente de mentir en determinadas consideraciones.

Rajoy, gran favorito en todas las encuestas, culpó a los ocho años de gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero de no haber sabido gestionar la crisis.

En ese sentido, señaló que Pérez Rubalcaba, como ex ministro del ejecutivo hasta el pasado julio, es corresponsable de haber dejado el país con casi 5 millones de desempleados, según las últimas cifras oficiales, y una economía endeudada, que ha sembrado dudas sobre si España necesitara un rescate financiero similar al de Grecia, Irlanda o Portugal.

"Hay que hacer una política económica totalmente diferente a las que han hecho ustedes estos años", dijo Rajoy.

El presidente de los populares, que se presenta por tercera vez a la presidencia tras dos derrotas ante Zapatero, anunció estímulos para la contratación, se comprometió a no congelar las pensiones y se propuso acabar con la temporalidad del mercado laboral.

Por su parte, Rubalcaba anunció una combinación de austeridad e incentivos para la economía. El candidato socialista anunció, sin dar grandes detalles, una posible reorganización del Ejército para ahorrar costes y nuevos impuestos para los bancos y las grandes fortunas, cuya recaudación, dijo, invertirá en ayudar a las empresas que fomenten la contratación.

Además, alertó que el PP podría reducir los subsidios a desocupados y señaló que ni la Educación ni la Sanidad públicas están garantizadas con el PP en el gobierno.

"Con ustedes la educación pública y la sanidad pública no están garantizadas", señaló Rubalcaba sobre el programa electoral de los conservadores.

El número y la duración de las intervenciones estaban pactadas de antemano entre los dos partidos. Aunque el moderador no podía hacer preguntas, los candidatos sí se interrumpieron en numerosas ocasiones avivando un debate demasiado encorsetado en su formato.

Unas 20 cadenas de televisión del país ibérico retransmitieron en directo el cara a cara, que duró aproximadamente dos horas y que se celebró en un plató especial habilitado en el Palacio de Congresos de Madrid.

Además del bloque económico, que prácticamente monopolizó el diálogo, se discutieron temáticas como las políticas sociales, seguridad y la acción de España en el exterior.

Los dos candidatos se comprometieron a pilotar de forma consensuada el posible final del grupo separatista vasco ETA, que el pasado 20 de octubre anunció el cese definitivo de la violencia tras más de 40 años de campaña por la independencia del País Vasco que le ha costado la vida a 829 personas.

Sobre política exterior, Rajoy anunció que Europa y América Latina serían sus prioridades, aunque el debate fue menos prolijo en detalles en ese punto.

Otros temas como inmigración o el movimiento de los "indignados" quedaron fuera del debate.

En el último mensaje, y mirando a cámara, cada candidato se dirigió a la ciudadanía pidiendo el voto y expresando su confianza en que España será capaz de superar la crisis y volver a crecer.

El debate también fue especialmente activo en las redes sociales. En los perfiles oficiales de los candidatos en Twitter, se repetían los mensajes que se veían por televisión y los comentarios convirtieron el debate en uno de los asuntos más comentados en la red a nivel mundial.

En las primeras valoraciones, los medios locales interpretaron que el debate poco o nada cambiará la tendencia de las encuestas, que dan como seguro ganador de los comicios a Rajoy.Algunas personas se reunieron en bares de la capital para seguir las propuestas de los principales candidatos, aunque con menor interés que en otras elecciones.

"No hay ideas nuevas", dijo Juan Carlos Fernández, de 52 años.

"Creo que la gente no está interesada en el debate", agregó Jorge Sanz, un hostelero de Madrid. "El dinero que necesitamos no nos lo va a dar este debate".