El primer ministro italiano negó el lunes las versiones de que vaya a dimitir para que un gobierno provisional pueda adoptar más rápidamente las nuevas medidas de austeridad y reformas económicas, pese a que la prima de riesgo de los bonos soberanos italianos se disparó al iniciar la semana a niveles nunca vistos.

Silvio Berlusconi se reunió el lunes con sus hijos y amigos para almorzar en su villa cerca de Milán, por los que los medios de comunicación italianos conjeturaron que está preparado su salida del poder, pero los almuerzos de los lunes son una tradición familiar y el premier dijo en su página oficial en Facebook que "las informaciones de mi dimisión carecen de fundamento alguno".

En las últimas semanas, Italia ha sido el centro de la crisis de la eurozona, ya que su deuda soberana es enorme, su crecimiento económico casi nulo y su economía demasiado grandes para ser rescatada por la eurozona.

Los inversionistas quieren que el gobierno italiano apruebe rápidamente medidas para fomentar el crecimiento y reducir la deuda, pero la mayoría parlamentaria de Berlusconi en el Parlamento pierde fuerza a diario.

Existe el creciente temor de que el propio Berlusconi es el problema porque no cuenta ya con la lealtad necesaria entre los legisladores para asegurar la rápida adopción de las reformas que Europa y los organismos internacionales de crédito creen que necesariamente debe adoptar Roma para evitar una crisis de la deuda soberana como la de Grecia.

Su gobierno de coalición ha sufrido deserciones y crece a diario la posibilidad de un adelanto electoral.

El último temor es que Italia pueda necesitar un rescate internacional para encarar sus 1,9 billones de euros (2,6 billones de dólares) de deuda soberana. La cifra es demasiado grande para poder ser reestructurada por la eurozona y podría ocasionar una bancarrota que significaría la desintegración de las 17 naciones del bloque y arrastraría la economía mundial a una nueva recesión.

Durante la reunión cimera del G20 la semana pasada, Berlusconi pidió al Fondo Monetario Internacional que vigile las reformas que debe adoptar el país, un gesto humillante para una economía de tal calibre.