"Recuerde, recuerde, el cinco de noviembre". Esta consigna infantil se volvió a repetir el sábado en Gran Bretaña en memoria de Guy Fawkes y otros conjurados, quienes hace 400 años trataron infructuosamente de volar el Parlamento de Londres.

Tradicionalmente, el día se observa con hogueras, fuegos artificiales y otros festejos, para celebrar que fracasó la confabulación del activista del siglo XVII, como una advertencia de que no se perdonará la traición, pero este año el día de Guy Fawkes tuvo un tono y motivos muy diferentes.

Fawkes es una personalidad histórica en Gran Bretaña por tramar con otros 12 conspiradores la voladura del Parlamento, asesinar al rey Jaime I e instalar una monarquía católica en la fallida "Conspiración de la pólvora" de 1605.

La conspiración fue abortada cuando las autoridades la descubrieron y detuvieron a Fawkes cuando custodiaba barriles de pólvora en el sótano del Parlamento. Fawkes fue juzgado acusado de traidor y la salvación del rey es festejada cada año el 5 de noviembre con fuegos artificiales y la quema en efigie de "guys" en todo el país.

Aunque no es muy conocida fuera de Gran Bretaña, la historia de su héroe ha sido utilizada recientemente como un potente símbolo contra el Estado, con la aparición de dos movimientos contra el gobierno.

Las máscaras de plástico de Guy Fawkes — basado un tanto en bocetos del propio Fawke — han sido utilizadas por centenares de manifestantes del movimiento anticapitalista Ocupemos Wall Street, en Nueva York y Londres. Antes de ello, fueron utilizadas por miembros de una banda internacional de "hackivistas" llamados Anónimos, que la llevaron durante las protestas contra la Iglesia de la Cienciología.

El diseño de la máscara procede de un libro de tiras cómicas y una película, "V de Vendetta", protagonizada por un antihéroe violento y anarquista que dice ser la versión moderna de Guy Fawkes y que se revela contra un gobierno ficticio fascista.

El sábado, un grupo que incluyó a muchos que se cubrían con la misma máscara intentaron llegar a la Plaza del Parlamento, en el centro de Londres, aunque su acceso fue bloqueado por enorme contingente policial.