El grado de relevancia que actualmente tienen los gerentes generales en el béisbol de Grandes Ligas es tan inmenso que hay fanáticos dispuestos a comprar camisetas con el nombre de un ejecutivo.

En serio. Acaba de ocurrir en Chicago tras la llegada de Theo Epstein — mejor conocido como el "Mesías" de los Cachorros — con el cargo de presidente de operaciones deportivas.

Una tienda quiso ofrecer camisetas con el apellido de Epstein y el número 12, por el año 2012 al ser la primera temporada del nuevo régimen. La demanda existía, pero Grandes Ligas y su fabricante oficial le pusieron luz roja al advertir que el 12 es el número del jardinero izquierdo Alfonso Soriano.

También se hizo una aclaración: sólo se venden camisetas de jugadores, no del personal directivo.

Pero esta es la ciudad de Chicago y se debe comprender el por qué tanta efervescencia en torno a un ejecutivo de 37 años. Es la "Theo Manía".

Los Cachorros no han ganado la Serie Mundial desde 1908. Son 103 años, la sequía más prolongada para una franquicia deportiva estadounidense. Están hartos que se les reconozca por ser unos "buenos" o "simpáticos" perdedores.

Y Epstein desembarca antecedido por su fama de haber roto la "Maldición del Bambino", la que perduró 86 años hasta que los Medias Rojas de Boston se proclamaron campeones en 2004 y 2007.

Pero alguien debería poner paños fríos a la expectativa desenfrenada que se transpira en Chicago por estos días.

Muchos esperan que los Cachorros sigan exactamente el libreto de los Medias Rojas, luego que Epstein asumió en 2002.

Pero la realidad con la que se encuentra Epstein en Chicago es muy distinta a la que tuvo que lidiar hace una década. Los Medias Rojas de entonces por lo menos terminaron con un saldo positivo de 82 victorias y 79 derrotas en el año previo.

También tenía una base de figuras como Pedro Martínez, Manny Ramírez y Nomar Garciaparra. Curt Schilling y David Ortiz asomaban en el horizonte.

¿Estos Cachorros? Pues vienen de una campaña con foja de 71-91, a 25 juegos del primer lugar en la División Central de la Liga Nacional.

Con el torpedero Starlin Castro, el intermedista Darwin Barney y el abridor Matt Garza, Chicago tiene algunas piezas promisorias.

Pero al mismo tiempo tienen las manos atadas con un Soriano en declive y a quien aún le quedan tres años en su megacontrato por ocho temporadas y 136 millones de dólares.

Tampoco saben qué hacer con Carlos Zambrano, cuyos frecuentes desplantes y arrebatos de mal genio se compaginaron con una merma de desempeño en el montículo (9-7, 4.82 de efectividad). Le deben 18 millones en 2012, el último año del pacto por cinco temporadas y 91,5 millones que firmó en 2007, y el venezolano tiene la facultad de vetar cualquier canje.

No todo lo que hizo Epstein en Boston fue excepcional, de hecho ha dejado un marasmo tras una campaña en la que el equipo se desmoronó en el último mes al dilapidar una ventaja de nueve juegos por el comodín de la Liga Americana para quedar fuera de la postemporada por segundo año consecutivo.

Aunque acertó con los fichajes de Schilling, Ortiz y Adrián González, Epstein contrató jugadores que provocaron dolores de cabeza como Edgar Rentería, John Lackey y Daisuke Matsuzaka.

Los Cachorros no viven en la pobreza. Después de invertir 300 millones de dólares, procedieron a ganar banderines de división consecutivos en 2007-08, aunque fueron barridos en la primera ronda de los playoffs en ambas ocasiones.

Es obvio que el plan de Epstein es hacer uso de los recursos de la franquicia de una manera más juiciosa, sin tener que hacer una cirugía a fondo.

"No he usado la palabra reconstrucción ni lo haré. Me parece que es una frase en el béisbol que conduce a la gente por el camino equivocado", dijo Epstein en la rueda de prensa de su presentación oficial.

Habló de "frentes paralelos": uno dedicado a encontrar y evaluar nuevos talentos, y el otro en procura de aprovechar al máximo las oportunidades inmediatas.

Sus primeros pasos han sido dirigidos a traer gente que comulga con su visión, como el nuevo gerente general Jed Hoyer y el supervisor de los escuchas Jason McLeod. Su siguiente tarea será encontrar el sucesor del manager Mike Quade, a quien despidió esta semana.

Tanto Hoyer como McLeod estuvieron con Epstein en el gestamiento de los Medias Rojas.

— Hoyer fue quien acompañó a Epstein para convencer a Schilling para que firmara como agente libre previo a la campaña de 2004.

— McLeod será poco conocido, pero fue quien dirigió los 'drafts' en los que Boston atrajo a Dustin Pedroia, Jacoby Ellsbury y Clay Buchholz. También fue quien seleccionó a Anthony Rizzo, Reymond Fuentes y Casey Kelly, los tres prospectos que Boston transfirió el año pasado a San Diego, con Hoyer como su entonces gerente, a cambio de González.

Ese canje por González es el modelo ideal de la forma de operar de Epstein: llenarse de selecciones del draft que luego pueden ser valiosas para transacciones.

Su filosofía es que todo equipo en apuros puede ser aspirante con adquisiciones correctas, sin antojarse con repartir a la ligera contratos voluminosos.

"Vamos a tener que recorrer un largo camino para alcanzar la cima", advirtió.

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Eric Núñez está en Twitter en http://twitter.com/EricNunezAP

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