Esdras Santana se sienta en una silla de madera y exclama: "¡Todos en pie!".

Los tres miembros de una familia se levantan, asustados. Ella les mira con desdén y pregunta: "¿Y por qué se supone que no debo deportar a esta persona aquí presente?".

La escena — que transcurre en la sala de una corte federal — es parte de la obra teatral "El Circo de la Inmigración". También es una experiencia que vivió Santana hace 25 años y que nunca se pudo sacar de la cabeza.

La inmigrante dominicana interpreta el papel del juez que deportó a su hermano Saulo Santana y que no la dejó hablar durante la audiencia en la corte de inmigración donde se decidió su suerte.

"Siento que es terapéutico para mí explicar la historia de gente que tengo en la mente desde hace tanto tiempo", explicó la mujer de 38 años. "Interpreto el papel de la persona que no me permitió hablar. Todos mis parientes hablaron en la audiencia para que no deportaran a mi hermano pero yo era demasiado pequeña".

Santana, de caderas anchas y pelo corto, forma parte del Uptown Action Troupe, un grupo de hispanos que se han visto afectados por casos de deportación o que han sufrido en carne propia las consecuencias de la política migratoria estadounidense. El grupo saltará al escenario a mediados de noviembre y explicará sus propias vivencias a través de la función, usando este arte como una forma de terapia y activismo.

Durante un ensayo reciente en una sala de un centro comunitario del barrio dominicano de Washington Heights, en Manhattan, Santana rió, gritó, se quejó y lloró al seguir las pautas de Mino Lora, cofundadora del People's Theatre Project, la organización de la cual los actores forman parte.

La dominicana — junto a otras dos quisqueyanas, un argentino y una estadounidense — vivió la escena con entusiasmo, interpretándola con euforia, llevándose las manos a la cabeza, bostezando con indiferencia o sonriendo de forma pícara, dependiendo de la actitud que pedía Lora.

"Por favor, sean serios. A ver si me atiende un adulto", dijo Santana en el ensayo, al interpretar a la agente de inmigración que llama a la puerta del apartamento familiar para entregar la citación a la audiencia de deportación y es recibida por una niña.

El hermano de Santana, un inmigrante que era residente legal pero fue arrestado por ayudar en una venta menor de drogas, fue deportado en 1986.

"Estoy convencida de que no soy la única a la que le ha pasado esto, así que es bueno sacarlo y gritarlo al mundo", dijo Santana, quien trabaja como asistente en partos y postpartos para la empresa BirthFocus.

"El Circo de la Inmigración" explica en inglés y español tres dramáticas historias de inmigrantes y se estrenará el 10 de noviembre en el auditorio del centro comunitario YM&YWHA de Washington Heights, con funciones posteriores en Word Up Community Bookshop del mismo barrio y la Iglesia Luterana de San Lucas en Queens.

La decena de hispanos y unos cinco estadounidenses que no son actores profesionales se conocieron en el People's Theatre Project, una organización sin ánimo de lucro que usa el teatro para concientizar sobre temas de actualidad que afectan a la comunidad de Washington Heights.

"Creemos en el poder del teatro para generar cambio social", explicó Lora, también codirectora del proyecto.

María Aristy, otra dominicana de 62 años, interpreta en la función al miembro de la familia que va a ser deportado. A pesar de que el papel está inspirado en Saulo Santana, en la obra la deportada es una mujer.

"El teatro nos ayuda a vivir con cosas que cargamos dentro. A mi me ha ayudado mucho", dijo la inmigrante, quien luchó contra una orden deportación hace 20 años y logró quedarse en el país.

Aristy quedó traumatizada en esa época por una orden de desalojo y sus problemas para encontrar un nuevo apartamento debido a que no tenía autorización para residir en Estados Unidos. Debido a que no tenía dónde vivir, sus tres hijas tuvieron que regresar a República Dominicana. Habló de ello en otra función del People's Theatre Project llamada "Let me In/Déjame Entrar!".

"Fue muy beneficioso hacer esto. Para mí, era una herida mal curada. Cuando hablaba de ello, me ponía a llorar", explicó la hispana de pelo blanco y voz dulce. "Es algo que me ha emocionado. Lo vivo muy plenamente. Quien diría, a estas alturas de mi vida, que me pondría a hacer teatro".

La inmigrante se involucró en el People Theatre's Project hace dos años, cuando Lora dio una charla sobre el grupo teatral ante Time Banks, la organización de voluntariado con la que Aristy colabora.

La función explica otras dos historias reales: la de Reza Salazar, un estudiante mitad argentino y mitad peruano que no pudo ir a la universidad por no tener papeles y la de Denny Jérez, un dominicano que se declaró culpable de un delito menor hace dos décadas y no podría regresar a Estados Unidos si sale del país.

Salazar se interpreta a sí mismo en la obra, dando vida a una escena que no olvidará jamás: cuando su consejero en la escuela secundaria le recomendó ir al ejército en lugar de solicitar el ingreso a alguna universidad.

"Yo no quiero ir al ejército. No pienso hacerlo", murmura frustrado Salazar en la función, con las manos cubriéndole la cara.

El inmigrante de pelo rizado negro y alborotado fue traído por su madre a Estados Unidos a los 13 años. Tras graduarse con honores de la escuela, sus sueños universitarios se hicieron polvo.

"Esos fueron ocho años de mi vida en los que me sentí encarcelado, impotente, con mucho miedo... Es un sentimiento bastante frustrante", explicó Salazar, de 26 años. "Para mí, en cualquier momento en que tengo la oportunidad de contar lo que pasó, ya sea porque una persona en ese cuarto se pueda sentir inspirado, es algo muy importante".

"El Circo de la Inmigración" nació de la colaboración entre People's Theatre Project y el Teatro de los Oprimidos NYC, una organización que ayuda a través del teatro a gente sin techo, enfermos de sida e inmigrantes sin autorización para residir en Estados Unidos, entre otros grupos.

El activismo está presente en el proyecto a través de la participación de la Coalición del Norte de Manhattan para la Defensa de Derechos de los Inmigrantes. Una empleada salvadoreña de la organización, Lili Salmerón, acude a cada ensayo para contestar preguntas de los actores respecto al sistema migratorio del país.

"Esperamos que la obra desate el activismo en los miembros de la audiencia", dijo Katy Rubin, fundadora artística del Teatro de los Oprimidos NYC.

El público no sólo observa la obra: los actores piden que miembros de la audiencia suban al escenario y expresen su opinión sobre los distintos dilemas que presenta la función. Las soluciones recopiladas serán puestas por escrito y presentadas a un concejal para que éste las presente a su vez frente al Concejo Municipal.

Casi 400.000 personas fueron deportadas en Estados Unidos en el año fiscal que terminó en septiembre, según datos federales.

Harold Ort, portavoz de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) no respondió a llamadas de Associated Press para comentar sobre la política de deportaciones que critica la función.

Gonzalo Cruz, un mexicano de 32 años nacido en Puebla, asegura que la obra no sólo le sirve para desahogarse.

"Para mí esta es una manera de educar a la comunidad", comentó. "He visto demasiado abuso policial y problemas entre los inmigrantes. Esta es una gran forma de contarlos".

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En internet: www.peoplestheatreproject.org

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Claudia Torrens está en Twitter como @ClaudiaTorrens