La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, aseguró hoy que los países de la eurozona están decididos a aplicar sus compromisos sobre el rescate a Grecia, la recapitalización de la banca y la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).

"Nunca he visto tanta determinación para actuar de forma coordinada", afirmó Lagarde al término de la primera jornada de la reunión de las organizaciones patronales de los países del G20 que se desarrolla en la ciudad francesa de Cannes, en paralelo a la cumbre de esta instancia multilateral.

Lagarde hizo este comentario en un breve discurso minutos después de participar en un encuentro de crisis organizado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy; la canciller alemana, Angela Merkel, y los máximos responsables de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, tras el anuncio de un referéndum en Grecia sobre el plan de rescate europeo.

La directora insistió en la "determinación de los socios" europeos para sacar adelante el acuerdo del rescate a Grecia, acordado en la madrugada del pasado día 27 y que el Ejecutivo de Yorgos Papandréu dice que quiere someter al voto de los griegos.

Más allá de esta cuestión y antes de acudir a una nueva cita con todos los socios europeos en la que se había convocado a Papandréu para explicarse y advertirle de las consecuencias de su proyecto de referéndum, Lagarde dibujó un breve panorama de la economía global.

"Vemos que el crecimiento se ralentiza" incluso en las economías emergentes y, por eso, el FMI ha revisado a la baja sus expectativas de progresión del Producto Interior Bruto (PIB) para el año próximo, indicó.

Insistió en que esa ralentización "afecta a todos los actores", aunque las economías emergentes se están comportando mejor que los países desarrollados, y señaló que perciben "riesgos negativos en el horizonte" porque el contexto financiero está afectando a las decisiones de las empresas, sobre todo en lo que respecta a la inversión.

Igualmente alertó de que la crisis amenaza con acarrear un riesgo social que se manifiesta en el creciente cuestionamiento del modelo económico y de su regulación.

Pese a todo, puso el acento en que "siempre hay esperanza" y también ahora existe "un camino para el crecimiento", aunque a continuación reconoció que muchos países disponen de un margen muy limitado por la situación de las finanzas públicas y hay una dificultad particular para ajustar las políticas macroeconómicas.

La exministra francesa de Finanzas enumeró una serie de grandes desafíos para la economía mundial y empezó por el de las deudas soberanas que, puntualizó, "no es sólo un problema de la zona euro".

A continuación se refirió a la necesidad de que las entidades financieras sean suficientemente sólidas para afrontar este contexto, de ahí los requerimientos de capitalización suplementarias, y también a las "reformas estructurales", cuya base debe ser el libre comercio y un entorno previsible.