El líder mundial de la iglesia anglicana, que se ha visto arrastrada al conflicto entre manifestantes contra Wall Street y el sector financiero, se pronunció a favor de un llamado impuesto de Robin Hood a las transacciones financieras, como respuesta a la crisis económica global.

El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, dijo que "es hora de tratar de ser más concretos" en los esfuerzos para encontrar respuestas a las vagas demandas presentadas por los manifestantes en las afueras de la Catedral de San Pablo en Londres, una manifestación inspirada por el movimiento Ocupemos Wall Street en Nueva York.

"Un número inesperado de personas vieron la protesta en San Pablo como la expresión de una amplia y profunda exasperación con el sistema financiero que no muestra indicios de disminuir", escribió Williams en un comentario publicado el miércoles en el Financial Times.

"Existe una poderosa impresión — sea o no justa — de que la sociedad está pagando por los errores e irresponsabilidades de los banqueros, de que nadie escucha el mensaje, de impaciencia con un regreso a lo usual representado por jugosas bonificaciones y pocos cambios en las prácticas bancarias".

El impuesto a las transacciones financieras, fue propuesto en los setenta por James Tobin, un economista estadounidense ganador del Premio Nobel. Williams dijo que un impuesto bajo — 0,5% en cada transacción — pudiera recaudar más de 400.000 millones de dólares globalmente cada año.

La Comisión Europea respalda un impuesto así, que estima recaudaría hasta 41.000 millones de dólares anuales, pero el gobierno británico se ha opuesto firmemente, diciendo preferir un impuesto directo a los bienes bancarios.

Williams llamó a un sólido debate público "para estudiar cuánto la opción preferida por el gobierno garantizará los objetivos de desarrollo nacional e internacional que son centrales a la propuesta del impuesto sobre las transacciones.

En su comentario, Williams apoyó tres propuestas hechas la semana pasada por el Consejo Pontifical para Justicia y Paz: Separación entre la riesgosa banca de inversiones y la banca minorista, recapitalización de bancos con fondos públicos y el impuesto a las transacciones financieras.