Un juez estadounidense declaró culpable a un boliviano de homicidio por causar un accidente cuando estaba ebrio que mató a una monja benedictina e hirió gravemente a otras dos el año pasado.

La causa contra Carlos Martinelly Montano, de 24 años, atrajo atención nacional en parte por las víctimas — tres ancianas monjas_, pero mayormente por la situación migratoria de Martinelly. Las autoridades dicen que Martinelly es un inmigrante que vive ilegalmente en el país y que había sido sentenciado en dos ocasiones anteriores de conducir en estado de ebriedad, pero nunca había sido deportado.

Líderes políticos en el condado Prince William, un área suburbana en las afueras de la capital del país en la que la inmigración ha sido objeto de disputa, aprovecharon el caso como prueba de que las autoridades federales no eran lo suficientemente activas en la deportación de inmigrantes delincuentes.

El fallo del lunes además parece haber sentado un precedente legal en el estado de Virginia. Tanto fiscales como abogados de la defensa dijeron que parece tratarse del primer caso en el estado en el que se usan las leyes de homicidio de esa forma para procesar una muerte causada por ebriedad al conducir.

Martinelly se declaró culpable en el juicio de cargos menores, incluyendo homicidio involuntario. Pero sus abogados disputaron enérgicamente el cargo de asesinato, diciendo que las acciones de Martinelly, aunque negligentes, carecían del elemento de malicia que es requerido para un veredicto de asesinato.

"El no trató de lesionar a nadie", dijo el abogado Dimitri Willis. "El estaba haciendo un mandado".

La fiscalía admitió que la muerte de la hermana Denise Mosier, de 66 años, que vivía en un convento en Richmond, no había sido intencional. Pero argumentaron que las leyes de Virginia permiten un veredicto de asesinato cuando la muerte ocurre como consecuencia de un delito grave, y en Virginia, una tercera convicción por conducir en estado de ebriedad es un delito grave.

El fiscal asistente del estado Ronald Reel dijo además que "una persona que conduce bajo efectos de bebidas alcohólicas es una bomba móvil" y que Martinelly debió prever las consecuencias de sus acciones.

El juez Lon E. Farris concordó y declaró culpable a Martinelly de asesinato luego de un juicio que duró medio día. Martinelly renunció a su derecho a un juicio por jurado, y optó por un proceso decidido por el juez.

"Conducir en estado de ebriedad es una actividad inherentemente peligrosa tomada por el acusado" y él debería haber sabido que podía resultar en heridas o muerte, dijo el juez.