El sargento estadounidense Calvin Gibbs, acusado de liderar un grupo de soldados que mató a civiles afganos, reconoció hoy que guardó parte de sus restos como "trofeos" pero rechazó su culpabilidad.

El abogado defensor de Gibbs, Phil Stackhouse, aseguró que el sargento sí que guardó dedos de las manos de tres cadáveres, aunque no fue responsable de la muerte de los tres civiles en la provincia afgana de Kandahar, donde estaba desplegado el batallón.

"Lo que se está viendo en este caso es la traición final de un soldado de infantería," dijo Stackhouse, según reporta el diario The News Tribune.

En la audiencia de hoy, el soldado Jeremy Morlock, que ya se ha declarado culpable del asesinato de tres personas en la provincia de Kandahar, aseguró que Gibbs cortó varios dedos de las víctimas, además de jugar con los cadáveres como si fueran "trofeos de caza".

Las versiones sobre lo sucedido varían entre la representación de un Gibbs arrastrado por un batallón de soldados atiborrados de marihuana o, por contra, a un sargento que buscaba explotar la debilidad de sus compañeros para llevar a cabo sus perversos planes.

Gibbs, de 26 años, está acusado del asesinato de tres personas entre enero y marzo de 2010 y de la mutilación de cadáveres.

Por su parte, el fiscal Dan Mazzone aseveró que "no hubo asesinatos de civiles" hasta que el sargento Gibbs llegó al batallón en sustitución de otro herido, para justificar la acusación.

Mazzone indicó que los otros soldados han relatado que Gibbs les explicó cómo cometer asesinatos ilegales si se "recreaban las condiciones de combate adecuadas", especialmente en zonas controladas por los talibanes.

El juicio militar, que se celebra desde la pasada semana en la base de Lewis-McChord, en el estado de Washington (noroeste de EE.UU.), se prevé que se prolongue hasta el próximo viernes.

De resultar declarado culpable, Gibbs podría ser condenado a cadena perpetua.