El FBI difundió el lunes imágenes de cámaras de vigilancia, fotografías y cientos de páginas que arrojan nueva luz sobre una investigación a agentes al servicio de Rusia que derivó en el mayor canje de espías desde la Guerra Fría.

Considerados inmigrantes sin permiso para estar en el país porque tenían empleos civiles en lugar de efectuar sus operaciones dentro de embajadas y misiones militares rusas, la mayoría de los espías vivían tranquilamente en vecindarios de clase media.

Entre los acusados figuraban Anna Chapman, agente de bienes raíces en Nueva York, y la periodista peruana Vicky Peláez.

Moscú había ordenado a los espías que se internaran en la sociedad estadounidense y cultivaran contactos con profesores universitarios, empresarios y funcionarios relacionados con la elaboración de políticas de defensa y finanzas.

Los expedientes cargados de contenido proveen un vistazo de la intensa vigilancia que pesaba sobre los agentes, en algunos casos casi durante una década. Ahí aparecen imágenes de los espías con sus hijos, mientras hacían compras y en un caso mientras asistían a una ceremonia de graduación. Todos se hacían pasar como personas de clase media.

El nombre código de "Ghost Stories" (Cuentos de fantasmas) que el FBI puso a operación para la captura de los espías alude a las acciones del grupo por mimetizarse en el tejido social estadounidense.

Un portavoz del FBI dijo que era mera coincidencia la difusión de los materiales en el día de Halloween (de brujas).

Los 10 espías al servicio de rusia detenidos en diversas partes del país fueron Chapman (hija de un diplomático ruso); Peláez y su esposo Juan Lázaro; Michael Zottoli y Patricia Mills; Richard y Cynthia Murphy; Donald Howard Heathfield y Tracey Lee Ann Foley, y Mijaíl Semenko.

Un undécimo acusado, Christopher Metsos, quien decía ser canadiense y entregaba dinero y equipo a los agentes, desapareció después de que fuera dejado en libertad bajo fianza en Chipre.

Estados Unidos canjeó a los 10 agentes por cuatro rusos que estaban encarcelados por el cargo de espiar para Occidente.

El canje se efectuó el 9 de julio en una esquina distante en el aeropuerto de Viena, que recordó el intercambio de espías cuidadosamente coreografiado que se efectuaba en el puente Glienicke de Berlín durante la Guerra Fría.

Según el expendiente de Peláez y Lázaro, ambos vivían en Yonkers, Nueva York.

Lázaro enseñaba política latinoamericana y caribeña en el Colegio Baruch. Peláez escribía artículos muy críticos hacia la política estadounidense en América Latina como columnista de El Diario La Prensa, uno de los rotativos en español más conocidos en Estados Unidos.