Un tribunal australiano ordenó a la aerolínea Qantas y a sus trabajadores que reanuden sus vuelos de inmediato, mientras decenas de miles de pasajeros varados en todo el mundo batallaban para llegar a sus destinos.

El director ejecutivo de Qantas, Alan Joyce, anunció poco después que la aerolínea podría reanudar los vuelos de forma limitada a partir de la tarde del lunes, si las autoridades reguladoras lo aprobaban así.

Joyce dijo previamente que cada día de cancelación de vuelos cuesta 20 millones de dólares a la empresa.

El tribunal emitió su fallo mientras en Australia eran las primeras horas del lunes, después de escuchar más de 14 horas de testimonios de parte de representantes de la aerolínea, el gobierno australiano y los sindicatos.

Los empleados de la aerolínea han escenificado huelgas desde hace semanas y se han negado a trabajar tiempo extra, ante su temor de que un plan de reestructuración incluya la transferencia de algunos los 35.000 empleos de Qantas al exterior.

Cuando ordenó que sus aviones permanecieran en tierra, la 10 aerolínea más grande del mundo había alegado que las huelgas interrumpían sus operaciones y que necesitaba certidumbre para continuar funcionando.

Diariamente, cerca de 70.000 pasajeros viajan por Qantas. Quienes pretendían hacerlo el fin de semana se quedaron varados en aeropuertos de todo el mundo tratando de planear rutas alternativas después de que la línea aérea anunció el sábado que aterrizaría su flotilla hasta que los sindicatos llegaran a un acuerdo con la empresa. Qantas pagó por el reacomodo de pasajeros en otros aviones.

Más de 60 vuelos se encontraban en el aire cuando la aerolínea canceló sus vuelos, pero estos llegaron a sus destinos. En un caso los pasajeros incluso fueron bajados de un avión, cuando Qantas suspendió de súbito sus operaciones.

El turista alemán Michael Messmann, varado en Singapur, buscaba el domingo un medio para regresar a su país. Messmann y su esposa visitaron Australia durante cinco semanas hasta que se enteraron de la súbita cancelación del vuelo de conexión que los regresaría a Fráncfort.

"Desconozco los detalles de la disputa, pero la cancelación de todos los vuelos parece una reacción severa de la aerolínea. Parece un poco extremo", dijo Messmann, de 68 años. "Después de cinco semanas de viaje, queremos regresar a casa", agregó.

El viajero de negocios australiano Graeme Yeatman se solidarizó con la aerolínea aun cuando también intentaba el domingo conseguir otro avión que lo regresara a Sydney tras la cancelación de su vuelo.

"Creo que los sindicatos tienen demasiado poder sobre Qantas. Aun cuando esto es un inconveniente para mí, estoy satisfecho que la aerolínea haya marcado su raya", dijo Yeatman, de 41 años.