Al menos veinte soldados sirios murieron hoy y otros 53 resultaron heridos durante choques contra supuestos militares desertores en la localidad central de Homs, informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

El grupo precisó que los enfrentamientos se registraron en el barrio de Bab Amro y que las víctimas han sido trasladadas al hospital militar de Homs.

Por el momento, la autoridades sirias no han confirmado ni desmentido esas bajas.

Mientras, los denominados Comités de Coordinación Local elevaron a veinte el número de fallecidos hoy en distintos puntos del país por la represión de las fuerzas leales al régimen de Bachar al Asad.

El mayor número de muertos se registró en la provincia de Homs, donde al menos doce "mártires" perecieron durante la jornada de hoy, y en Hama, en el centro del país, donde hubo tres.

También se registraron víctimas en Deraa (sur), Idleb (norte), Dir Zur (noreste) y en los alrededores de Damasco.

A esos fallecidos se suman los diez policías que perdieron la vida hoy en la provincia de Idleb por una emboscada tendida por hombres armados.

Estas informaciones no han podido ser verificadas de forma independiente debido a las restricciones que impone el régimen sirio a los periodistas para trabajar.

Los sucesos ocurren horas después de que la Liga Árabe expresara su preocupación por la violencia en Siria, donde ayer unas cuarenta personas murieron en otro viernes de manifestaciones que exigen la marcha de Al Asad.

Una comisión de ministros árabes de Exteriores presidida por Catar tiene previsto entrevistarse mañana en Doha con funcionarios sirios para propiciar el diálogo entre el régimen y la oposición, de acuerdo con la última iniciativa árabe para solucionar la crisis siria.

En un comunicado, la comisión árabe de seguimiento de la situación siria envió anoche un "mensaje urgente" a Damasco para expresar su "rechazo por la continuación de los asesinatos de civiles".

Desde mediados de marzo pasado, Siria es escenario de revueltas populares contra el régimen de Al Asad, que se han cobrado la vida de unas 3.000 personas, entre ellas unos 187 menores, según las últimas cifras de la ONU.