Un talibán suicida estrelló su vehículo contra un autobús blindado de la OTAN y mató a 17 personas en el ataque más letal en Kabul hacia la coalición encabezada por Estados Unidos desde que comenzó la guerra.

El atentado asestó un revés importante a la alianza atlántica en momentos en que ésta ha resuelto emprender el retiro de sus efectivos de combate.

La explosión generó una bola de fuego y llenó la calle de escombros de metralla y hierros retorcidos. Una columna de humo negro salía de los restos en el lugar, en una carretera de cuatro carriles utilizada con frecuencia por los instructores militares extranjeros en la sección suroccidental de la ciudad.

El ataque, que puso de manifiesto las dificultades que yacen adelante, ocurrió en el mismo día en que altos funcionarios de la OTAN y Afganistán se reunían en otra parte en Kabul para examinar la segunda fase de la transferencia de las responsabilidades de seguridad a las fuerzas afganas en todo o en parte del territorio de 17 de las 34 provincias del país.

También asesta un revés a los intentos de Estados Unidos y el presidente Hamid Karzai para concertar la paz con el movimiento integrista Talibán en momentos en que la Organización del Tratado del Atlántico Norte planea retirar a finales de 2014 a todos sus efectivos de combate del país, y el apoyo en Occidente a la costosa guerra se ubica en nuevos niveles bajos.

La OTAN dijo que cinco efectivos de la coalición y ocho contratistas civiles que trabajaban para ésta perdieron la vida en el estallido.

Un funcionario estadounidenses había dicho antes que todas las víctimas eran estadounidenses, pero un portavoz canadiense de Defensa, el teniente coronel Christian Lemay, dijo a The Associated Press que un soldado canadiense figuraba entre los militares caídos.

El Ministerio del Interior de Afganistán indicó que tres civiles y un policía afganos también perecieron en el ataque. Otros ocho afganos, entre ellos dos niños, resultaron heridos, dijo Kibir Amiri, jefe de hospitales de Kabul.

En los últimos años se han incrementado los atentados en la capital afgana, y muchos han sido atribuidos a la red Haqqani, un movimiento vinculado a al-Qaida y el Talibán que actúa fuera de Pakistán.

Pero la OTAN ha transferido a los afganos las responsabilidades de la seguridad en la capital, en tanto que las fuerzas extranjeras tienen poca presencia en las calles.

Un ataque similar del Talibán contra una caravana de la OTAN en la misma ruta en mayo de 2010, también con un agresor suicida, dejó 18 muertos, entre ellos cinco efectivos estadounidenses y un coronel canadiense. Sin embargo, el ataque del sábado es el que ha causado el mayor número de muertos desde que comenzó la guerra hace una década.

El Talibán se responsabilizó del ataque a través de un mensaje de texto enviado a los medios de comunicación poco después de que un vehículo estalló al paso del convoy de la OTAN en Kabul.

Según el Talibán, el atacante, Abdul Rahman, conducía una camioneta deportiva Land Cruiser de Toyota cargada con 700 kilogramos (1.540 libras) de explosivos y la dirigió contra los extranjeros que dan instrucción a la policía afgana. El Talibán, que suele exagerar las cifras de víctimas, dijo que 25 personas murieron a causa de la explosión.

El atentado sucedió cerca del palacio Darul Aman, el bombardeado edificio donde vivían ex reyes afganos en las afueras de la capital.

"Fue una bomba muy potente", dijo Gulam Saki, un testigo en la escena.

Poco antes, una atacante suicida detonó su carga explosiva afuera de una oficina del gobierno en la provincia afgana de Kunar, informó la policía de Afganistán.

La provincia es caldo de cultivo de milicianos en el noreste afgano, a lo largo de la frontera con Pakistán.

El subjefe de la policía provincial, Abdul Sabor Allayar, dijo que los guardias que estaban afuera de la oficina de inteligencia del gobierno en Asa Abad sospecharon de la mujer y comenzaron a disparar y, en un momento, ella detonó sus explosivos.

Además de la mujer, no hubo más muertos en el ataque.

Las fuerzas afganas y de la alianza militar que comanda Estados Unidos realizaron operativos a comienzos de octubre, matando a más de 100 insurgentes en un esfuerzo por frenar la violencia en áreas escarpadas de Kunar donde la OTAN y el gobierno afgano tienen poca presencia.