El Museo Ludwig de Budapest ofrece a partir de hoy una exposición sobre la obra y las influyentes teorías del arquitecto franco-húngaro Yona Friedman, sus ciudades espaciales, y una forma de construcción "democrática y activa",

La muestra lleva el título "Arquitectura sin construcción", que se refleja el hecho de que los proyectos de Friedman, uno de los más influyentes teóricos de la arquitectura moderna, no se hicieron realidad.

Sin embargo, para ilustrar mejor las teorías del arquitecto, el Museo Ludwig ha incluido numerosas instalaciones en la exhibición.

La idea central de las teorías de Friedman, considerado un arquitecto utópico, se basan en el hecho de que las ciudades y zonas metropolitanas colapsan o están por colapsar, por lo que considera necesario dejar la construcción horizontal, y optar por la vertical.

En este sentido, la instalación más llamativa de la muestra, que estará abierta hasta el 8 de enero de 2012, es un ejemplo de lo que el arquitecto denominó "ciudad espacial" ("Ville spatiale").

Friedman, nacido en Budapest en 1923, sobrevivió al Holocausto y en 1945 abandonó su ciudad natal y emigró a Israel, donde estudió arquitectura. Desde 1956 vive en París.

Según Hajnalka Somogyi, una de las comisarias de la exhibición, de sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial, Friedman llegó a la conclusión de que "las ciudades son incapaces de defender a sus habitantes" y creó su "teoría sobre los centros urbanos".

Esa teoría la desarrolló en la década de 1950 y la plasmó en su manifiesto "La arquitectura móvil" (1956), que propone, entre otras cosas, la construcción de ciudades que puedan ser reestructuradas por los mismos habitantes.

Se trataría de una segunda ciudad, construida sobre columnas sobre la ya existente, y ofreciendo la posibilidad de que cada habitante diseñe su ámbito, según sus propias exigencias. Esas estructuras también podrían planear sobre terrenos agrícolas o áreas no construíbles.

La teoría se basa en estudios preliminares sobre matemáticas, economía y sociología, que la muestra refleja en instalaciones, maquetas, dibujos y vídeos.

Se trata de "una idea democrática", pues el arquitecto deja de ser "un dios, que crea el espacio para sus habitantes" para ofrecer la participación de los habitantes en la creación del producto final, resaltó Somogyi en declaraciones a la prensa.

Esta arquitectura se caracteriza por el uso de estructuras volátiles y variables, conectadas entre sí, que el arquitecto recomendó a ciudades como París, Sanghai o Venecia, así como en un puente que uniría a Europa, por Gibraltar, con África.

Por su parte, el francés Gonzague Lacombe, responsable por el diseño de la muestra, destacó la importancia que ocupa en la obra de Friedman "el hombre activo", que transforma su hábitat.

Ya en la década de 1970, el arquitecto alertó de que la forma de vida occidental era insostenible y propuso la racionalización de la vida urbana, explicó Nikolett Eross, otra comisaria de la muestra.

Un espacio organizado en varios niveles, que une un jardín de hortalizas con baños y cocinas, es una de las propuestas de Friedman.

La muestra ofrece la posibilidad de repensar todo lo visto en las seis salas y el visitante, al concluir su paseo, puede experimentar con elementos, como tapones de corcho, plásticos y otros, para hacer creaciones "en el estilo de Friedman", añadió Eross.

En la construcción de las instalaciones ayudaron 40 voluntarios, que trabajaron durante tres semanas en el proyecto, mientras que la realización de la muestra contó con el apoyo de instituciones como el Centro Pompidou y el Museo de Arte Moderno de París, entre otros.

Marcelo Nagy