Los países de la Comunidad Iberoamericana manifestaron su acuerdo en que la crisis económica global impulsará un regreso de la centralidad del Estado como agente de promoción del desarrollo y la equidad.

Ese fue el eje de la declaración que los jefes de Estado y de gobierno emitieron este sábado durante la XXI Cumbre Iberoamericana que se desarrolla en la capital paraguaya.

El documento de 58 puntos, denominado "Declaración de Asunción", reconoce en su preámbulo "la necesidad de fortalecer nuestros Estados para que desempeñen el papel que les corresponde en la conducción de la estrategia de desarrollo integral, en la defensa de la democracia y la gobernabilidad, en la promoción de la igualdad, en la justicia social y en la garantía y expansión de los derechos de los ciudadanos".

También reconoce que la cumbre "se celebra en el contexto de una crisis económica y financiera que afecta a varios países del mundo, con profundos ajustes y reacomodos que ponen bajo presión a las instituciones de todos los niveles", y acuerda una serie de objetivos para promover "el crecimiento económico sostenido y equitativo" a través de la cooperación entre los integrantes de la región.

Entre las medidas el documento menciona la voluntad de "promover cambios progresivos, según corresponda, en las estructuras tributarias para la consolidación de un sistema de recaudación más eficiente, eficaz y transparente...que redunde en una redistribución equitativa del ingreso", o la "implementación de políticas públicas sociales, integrales, incluyentes y redistributivas... enfatizando el rol del Estado en la erradicación de la pobreza y la reducción de la desigualdad" por medio de "una inversión social sostenida".

Esas políticas sociales deberán "orientarse a sostener la capacidad del crecimiento del sector productivo y del empleo, a incrementar la productividad y competitividad de las economías con inclusión social y resguardar la inversión social, fortaleciendo las redes de protección y evitando que los costos sociales coyunturales signifiquen rezagos para determinados sectores".

El presidente anfitrión, Fernando Lugo, dijo en la conferencia de prensa posterior a la reunión que "hemos sido capaces de lograr consensos importantes en la declaración, lo cual muchas veces no es fácil".

"Hemos reconocido que debemos crear estados fortalecidos... y que los problemas y necesidades de nuestros pueblos ya no están a cargo de la lógica del mercado solamente", agregó Lugo.

"La conclusión más relevante a la que arribamos es que sin unión, integración y cooperación en la búsqueda de alternativas para hacer frente a esta crisis global, en la que empiezan a surgir señales preocupantes de proteccionismo, nos será cada vez más difícil insertarnos en el mundo globalizado y competir en igualdad de condiciones", remarcó.

Por su parte, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, destacó "los cambios profundos que tenemos en el plano internacional, porque (ahora) los problemas los tienen los países desarrollados y porque, afortunadamente, regiones como América Latina sostienen un crecimiento y un horizonte favorable, aunque tienen el inmenso reto de la inclusión social".

"Si las cumbres iberoamericanas han tenido sentido históricamente, ahora lo tienen más, porque la tarea ha de ser una tarea conjunta de unión, cooperación y enriquecimiento mutuo", sintetizó.

España recibió la presidencia anual de la comunidad iberoamericana y será el anfitrión del próximo encuentro que se realizará en 2012 en la ciudad de Cádiz.

Asimismo, los presidentes aprobaron un conjunto de quince "comunicados especiales" sobre aspectos puntuales e inquietudes planteadas por cada una de las delegaciones, y un "plan de acción" para las actividades de la organización durante el próximo período.

Los representantes de los 22 estados participantes de la comunidad iberoamericana recibieron además la solicitud formal de ingreso de Haití, que participó en estas deliberaciones como país invitado.

La cumbre, sin embargo, estuvo marcada por una alta ausencia de mandatarios que optaron por enviar a sus vicepresidentes o cancilleres. Entre las ausencias más notorias están las de las presidentas de Argentina, Cristina Fernández, y de Brasil, Dilma Rousseff; y la de los mandatarios de Venezuela, Hugo Chávez; de Uruguay, José Mujica; de Colombia, Juan Manuel Santos; y de Cuba, Raúl Castro.

El peruano Ollanta Humala participó en las sesiones matinales del sábado, pero se retiró antes de completar las actividades a raíz del fuerte sismo que el viernes remeció su país.

Un incidente que sacudió la habitual rutina de este tipo de reuniones fue la sorpresiva protesta del presidente ecuatoriano Rafael Correa, que abandonó momentáneamente la sala como protesta por la participación de la vicepresidente regional del Banco Mundial Pamela Cox, que había sido invitada a tomar la palabra. El mandatario se preguntó por qué se le daba un espacio en ese foro al Banco Mundial, al que calificó como "el heraldo del neoliberalismo", y a Cox, que "chantajeó abiertamente a mi país" al negarle un crédito ya concedido cuando Correa, siendo ministro, se opuso a aplicar algunas recomendaciones del organismo.

Una vez que Cox finalizó su intervención, Correa regresó a la sala de reuniones.

Al cabo de la Cumbre se realizó una reunión de presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), en las que Paraguay recibió la presidencia rotativa de la organización.