El contraste entre el dinamismo económico de América Latina y la crisis que afecta a buena parte del mundo y en particular al sur de Europa, junto con algunas marcadas ausencias de mandatarios, marcan la XXI Cumbre Iberoamericana que comenzó el viernes en la capital paraguaya.

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los primeros en arribar a la cita, dijo que "Latinoamérica está en un buen momento y la Cumbre debe servir para estrechar vínculos entre todos los países participantes".

Los países de la región tuvieron una tasa de crecimiento promedio en 2010 de alrededor de 6%, pese al contexto global de crisis. Esto contrasta con los anteriores encuentros iberoamericanos, en los que los países latinoamericanos eran los socios débiles frente a sus pujantes pares europeos.

En un encuentro previo ante empresarios de la región en el marco de la cumbre, el Secretario General Iberoamericano, Enrique Iglesias, destacó esta novedosa coyuntura: "Por primera vez América Latina no es parte del problema, sino de la solución".

Agregó que "América Latina está creciendo bien porque pudo mezclar la sabiduría de saber manejar la macroeconomía en forma más eficaz que como lo hacíamos en el pasado y por los vientos favorables que nos vienen del Pacífico", aunque advirtió también que "debemos tener cuidado y no alimentar la autocomplacencia, porque dependemos de que el mundo se ponga de acuerdo para salir de la presente coyuntura y de que China y los ajustes que puedan producirse no generen demasiadas turbulencias en el mercado de materias primas".

La cumbre comenzó con una reunión de los cancilleres en la que avanzaron en los acuerdos y el texto de la declaración final que tienen previsto analizar y aprobar el sábado los jefes de Estado. Un borrador de la declaración final, con más de medio centenar de puntos, fue aprobado por los ministros casi íntegramente y "por consenso", según indicó el canciller anfitrión Jorge Lara Castro.

Entre los puntos de ese documento Lara Castro mencionó algunos referidos a la reforma del Estado orientada a dotarlo "de reglas claras y previsibles en materia de gestión pública, para contribuir a la gobernabilidad democrática con participación ciudadana, a la cohesión social y a las políticas públicas inclusivas y no discriminatorias", en sintonía con el tema eje de la cumbre que versa sobre "Transformación del Estado y Desarrollo".

En la declaración final "se pone de manifiesto que necesitamos tener un Estado eficiente", adelantó Iglesias luego de la reunión de cancilleres en la que participó.

"La reforma del Estado ya no es un tema del tamaño, sino de que las cosas que haga el Estado las haga bien. Y el Estado va a tener que estar presente con nuevas responsabilidades" derivadas de la coyuntura mundial y de los desafíos de la época, agregó.

El único punto de discrepancia en la propuesta de declaración surgió tras una propuesta paraguaya para incluir una referencia al libre tránsito de los países sin litoral marítimo. La delegación de Bolivia, que tiene una disputa con Chile acerca de la salida al océano Pacífico, reclamó que se hiciera mención expresa a los países "privados de litoral", algo que Chile objetó.

Otro de los asuntos incluidos en la propuesta de declaración fue el reclamo argentino para recuperar la soberanía de las islas Malvinas, en el Atlántico Sur, actualmente en posesión del Reino Unido.

El canciller argentino Héctor Timerman agradeció a sus colegas el respaldo que dieron a los reclamos de su país y dijo que "en nuestra América Latina todavía tenemos un cuchillo colonial clavado: la presencia inglesa en las Islas Malvinas". Recordó que "el Reino Unido no acató numerosas disposiciones de las Naciones Unidas para dialogar" y aseguró que "Argentina usará todos los medios pacíficos para recuperar la soberanía de las Malvinas".

Las fuerzas militares argentinas invadieron las islas en 1982 y se hicieron de su control, pero el Reino Unido reaccionó recuperándolas en un conflicto bélico que duró de abril a junio de ese año.

Paralelamente a esas sesiones, se efectúan reuniones y firmas de acuerdos bilaterales entre algunos de los países participantes, y también con organismos multilaterales presentes en la ocasión.

Sin embargo, uno de los puntos débiles de la cumbre será la notoria ausencia de varios mandatarios, quienes por distintos motivos cancelaron su asistencia y estarán representados por sus vicepresidentes o cancilleres.

Las diez ausencias de primeros mandatarios hará de esta la cumbre con más deserciones de las que se han celebrado hasta el momento.

No participarán la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, su colega argentina Cristina Fernández, el venezolano Hugo Chávez, el cubano Raúl Castro, el uruguayo José Mujica, el colombiano Juan Manuel Santos, la costarricense Laura Chinchilla, el nicaragüense Daniel Ortega, el salvadoreño Mauricio Funes y el dominicano Leonel Fernández.

El viernes por la noche las actividades de la primera jornada se cerrarán con una ceremonia inaugural en la que hablarán el presidente anfitrión, Fernando Lugo, e Iglesias, y posteriormente una cena con las delegaciones participantes.

En sábado están previstas las sesiones plenarias de los mandatarios, que se cerrarán con la aprobación de los documentos finales y el traspaso de la secretaría temporal a España. El rey español Juan Carlos cerrará las actividades con un discurso final al cabo de las sesiones.