Con una amplia presencia de directoras y numerosas películas con temática femenina, la mujer árabe hace oír su voz en el Festival de Cine Tribeca de Doha, que aspira a "dar más espacio" a un grupo a menudo silenciado.

En su tercera edición, el certamen, auspiciado por el Gobierno catarí para promocionar este país y la industria cinematográfica local, cuenta en su sección de cine árabe con un cuarenta por ciento de películas dirigidas por mujeres, una proporción récord.

"Aunque siempre ha habido directoras en el mundo árabe, es cierto que ahora tienen más facilidades para llevar a cabo sus proyectos", dijo hoy a Efe la encargada de la programación árabe del festival, la libanesa Hania Mroue.

"Por una parte -explicó-, hay más acceso a financiación", a través de los fondos regionales de los Emiratos o del Fondo para el arte y la cultura del Líbano, y por otra, "más exposición", con los nuevos festivales de cine surgidos en países del Golfo Pérsico, como el propio de Doha o los de Dubai y Abu Dhabi.

Historias de amor, opresión, crímenes o retratos de la vida cotidiana, ambientadas en países como Túnez, Siria, Jordania, Líbano o el Kurdistán iraquí, centran la cartelera árabe del festival de Doha, que se inauguró el martes con el estreno de la última película de Antonio Banderas, "Black Gold", dirigida por Jean-Jacques Annaud y también de temática árabe.

Aunque no todas las películas sobre mujeres en el mundo islámico están dirigidas por féminas, "las directoras aportan un punto de vista femenino" y "están más cómodas presentándonos en papeles menos coquetos", aseguró a Efe la popular bailarina y actriz libanesa Caroline Hatem.

Hatem es la protagonista de "A man of honor", del realizador libanés Jean-Claude Codsi, un filme sobre los crímenes de honor que se ha estrenado en Doha junto con "Red heart", del noruego de origen kurdo Halkawt Mustafa, que aborda los matrimonios de conveniencia.

Mustafa, de 26 años, dice que le "conmocionó" cuando, en un viaje al Kurdistán, vio cómo se trataba a las mujeres igual que "hace trescientos años" y quiso contar la historia de Shirin, una joven kurda, de 19 años, que huye con su novio al descubrir que su padre la quiere cambiar por una esposa para él.

"Where do we go now?", la tragicomedia de la libanesa Nadine Labaki sobre un grupo de mujeres que intentan salvar su comunidad de la violencia sectaria, que ganó el premio del público en el Festival de Toronto, es otro de los platos fuertes del certamen catarí, donde también se presenta "How big is your love?", de la argelina Fatma Zohra Zamoum, sobre un niño que se va a vivir con sus abuelos.

En la sección documental se proyectan dos obras cautivadoras, "Yearning" de la siria Lina Alabed, que describe el escaso margen de libertad de las mujeres sirias en una sociedad dominada por hombres, y "Crayons of Askalan", obra debut de la hispano-libanesa Laila Hotait Salas, que narra la historia de un preso palestino, de 15 años, que pinta durante su encierro en la prisión israelí de Askalan.

Según Mroue, pese a las restricciones en los países árabes, donde "la censura afecta tanto a hombres como a mujeres", cada vez hay más directoras dispuestas a luchar por sus proyectos y "no hay que perder de vista" a nuevos talentos como las saudíes Ahd Kamel y Haifa al Mansouri.

"Si animas a una nueva generación a expresarse, como está ocurriendo en algunos emiratos con la potenciación de la industria cinematográfica, no puedes controlar si quienes lo hacen son hombres y mujeres", señala.

Aunque Mroue reconoce que la lista de temas tabú en el mundo árabe "es todavía larguísima", en festivales como el de Doha, donde se otorgan becas a proyectos regionales, "se intenta dar más espacio a esas nuevas voces", concluye.