Misrata, la ciudad que sufrió el cerco más feroz de las fuerzas gadafistas y cuya intervención en la toma de Trípoli y Sirte fue decisiva, arranca la transición retando al Consejo Nacional Transitorio (CNT), pero convencida de que las disputas territoriales no afectarán a la transición política.

Su determinación de llevarse a Misrata el cadáver de Muamar El Gadafi, detenido en Sirte el pasado día 20 y exponerlo durante cinco días al público contra los deseos del CNT, así como la reciente exigencia de expedir acreditaciones especiales a los periodistas para entrar en la ciudad, ha soliviantado los ánimos de algunos.

"Si ahora piden estas cosas y acabamos de empezar la transición, que no harán después", aseguró a Efe un periodista tripolitano que prefirió no revelar su identidad y que subrayó que no estaba nada satisfecho sobre como estaban evolucionando los acontecimientos.

Sin embargo, el comandante de campo rebelde Abdel Baset Husein, de la región de Al Guerian, en el oeste del país, ve normal la actitud tomada por las autoridades de Misrata.

"Han pagado con la sangre y con vidas, ahora pueden pedir cuentas", aseguró Husein.

Mohamed Mohamed al Guirani, presidente de la ONG de Misrata Sociedad por la Democracia y los Derechos Humanos, aseguró a Efe que "la historia en Libia se repite de nuevo".

Según Al Guirani, en la guerra de 1911 contra la invasión italiana, Misrata ya jugó un papel esencial, pero después no fue compensada.

En un café de Misrata no muy lejos de la calle Trípoli, devastada por los enfrentamientos durante el asedio de las tropas fieles a Gadafi, Al Guirani explicó que la chispa de la revolución saltó en Bengasi, en el este, pero "quien mantuvo la unidad de Libia y la revolución viva fue esta ciudad".

Para Mustafa Muhammad al Dernawi, presidente del órgano fundacional de la coalición Jóvenes 17 del Febrero de Misrata, Gadafi tenía un plan de dividir Libia en dos y quedarse con el oeste, pero Misrata desbarató sus proyectos.

Ambos coinciden en el papel esencial de Misrata en la revolución, en la liberación de la capital, Sirte y otras ciudades del occidente del país y también en que existe una clara competición entre las tres principales urbes Trípoli, Bengasi y Sirte.

En este sentido, el profesor universitario Ali al Yarani subrayó a EFE que "hay gente que piensa que porque hay una gran presencia de brigadas en muchas partes del país, Misrata puede controlar todo el país con las armas, pero no es así".

Según Al Yarani, Misrata no tendrá apenas presencia en el gobierno de transición, una cuestión a la que Mohamed al Guirani resta importancia porque considera que "lo que importa es el gobierno que salga de las urnas".

Al Guirani también piensa que en la actualidad el papel del Consejo Local de Misrata, incluso del Consejo Militar, es muy débil y que quienes realmente controlan la situación son las más de doscientas milicias de la ciudad, que son las que están verdaderamente organizadas.

Una idea que no comparte Al Dernawi, que asegura que los tres órganos están perfectamente coordinados.

Por otra parte, sobre las disputas entre los principales núcleos urbanos indica que son como "una competición deportiva, en la que al final la victoria es de todos los libios".

No obstante, se muestra muy crítico con el Gobierno de Mustafa Yibril al que acusa de haber fracasado.

"No cumplió con su papel en la dirección de la crisis, la administró desde fuera y hay que estar sobre el terreno", dijo el activista que también acusó a Yibril, que ya ha mostrado su intención de no seguir al frente del próximo ejecutivo, de nombrar a gente del régimen anterior.

Además lo acusó de no haber conseguido armas ni comida para los combatientes, ni de haberse ocupado de los heridos.

"Queremos caras nuevas que no traigan la cultura de Gadafi, que es dictatorial", agregó Al Dernawi que mostró su apoyo al presidente del CNT Mustafa Abdulyalil a quien calificó como un hombre capaz de mantener Libia unida.

Además de 200 brigadas de milicianos, en Misrata hay 63 ONG que han creado una comisión de coordinación y que acabarán convirtiéndose en partidos políticos, tal y como presagia Al Derwani,una vez redactada la Constitución.

Antes de terminar la conversación en la cafetería con Al Guirani, un hombre corpulento y con ropas tradicionales se acerca a la mesa y asegura que es de Al Beda, en el este del país, y que luchó durante todo el asedio en Misrata.

"Misrata consiguió las armas del este del país", subrayó Mustafa Bargawi en una muestra más de las tensiones territoriales en la Libia post Gadafi, que se suman a las diferencias políticas e ideológicas entre los actores responsables de la transición política.

Por Jorge Fuentelsaz.