Largos años de dictadura militar, represión, caos económico y deficientes gestiones políticas han propiciado en Argentina una mayor implicación de la sociedad para tratar de mejorar sus vidas e impulsar sus degradadas instituciones, "pero aún falta un marco legal para que sus voces se oigan mejor".

Quien así reflexiona, en conversación con la Agencia Efe, es el cineasta argentino Sergio Teubal (Buenos Aires, 1969), que esta tarde presenta su primer largometraje de ficción, "El dedo", dentro de la sección Punto de Encuentro de la 56 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

"La gente se implica ahora más en política ahora, pero aún falta un marco legal que haga que sus voces se oigan mejor. Las instituciones han quedado muy degradadas y se están reconstruyendo como se puede", ha añadido Teubal, cuya única experiencia en el largometraje es el documental "La música del Delta" (2005).

No escapa su ópera prima "El dedo" a los matices políticos sobre los que reflexiona Teubal, fruto de la adaptación de un relato basado a su vez en un hecho real acontecido en la Córdoba de Argentina, y donde el realizador ha querido lanzar un mensaje positivo para erradicar el escepticismo a su juicio imperante.

La historia, "un poco absurda" aunque tiene parte de realidad, se desarrolla en un pequeño pueblo alborotado por las elecciones a la alcaldía tras el asesinato de uno de los candidatos, cuyo dedo se conservará en un frasco dentro de un almacén como recordatorio de la justicia que se ha de aplicar al caso.

Ese dedo "que existió en la vida real", ha matizado Teubal, desencadena todo un proceso para aclarar qué ocurrió en el asesinato y reavivar al tranquilo pueblo.

El proyecto surgió "casi por casualidad", cuando el director se encontraba de vacaciones en Córdoba y le hablaron de una novela del escritor Alberto Assardourian, que finalmente decidió adaptar a la gran pantalla.

Cinco años ha durado la preparación de esta película para la que no ha sido fácil encontrar financiación y cuyo guión llego a escribirse hasta veintitrés veces, según ha explicado.

Por otra parte, acerca del sector cinematográfico de su país, ha comentado que no "no tiene una industria" pero sí "un montón de voluntades con mucha creatividad".

Se hacen aproximadamente un centenar de películas al año en Argentina, pero "son pequeñas aunque dinámicas", por lo que precisan de políticas industriales para poder generar una "industria latinoamericana" que fortalezca y canaliza toda esa creatividad.

"Gracias al Instituto de Cine de Argentina se pueden hacer la cantidad de películas que se hacen", ha expresado el autor de la cinta.