Dos policías declarados culpables de matar a garrotazos a un joven, un caso que inspiró la sublevación popular en Egipto, fueron sentenciados el miércoles a siete años de prisión, una sentencia que enfureció a los familiares de los policías, que destruyeron bancos de madera en el tribunal y trataron de atacar a los familiares y abogados de la víctima.

La muerte de Jaled Said se convirtió de inmediato en eje para los activistas que hacían campaña contra la brutalidad policial y otras violaciones de los derechos humanos bajo el entonces presidente Hosni Mubarak.

Meses más tarde, una página en Facebook creada en su honor fue usada como llamado para las protestas del 25 de enero, que se convirtieron en el alzamiento de 18 días que derrocó a Mubarak.

La familia de Said dijo que estaba "indignada" por la levedad del veredicto y añadió que el mismo muestra que la revolución está siendo "abortada". Activistas de inmediato colocaron mensajes en Twitter condenando la sentencia como otra decepción para los millones que consideraban el caso una prueba de hasta qué punto la revolución iba a acabar con la corrupción y la injusticia.

Said, de 28 años, murió el 6 de junio de 2010 luego que dos policías vestidos de paisano lo sacasen a a rastras de un café de internet en la norteña ciudad de Alejandría y le matasen a golpes, de acuerdo con testigos.

La Policía trató de mostrarle como un narcotraficante. Dijo que Said se había asfixiado al tragarse un paquete de drogas que llevaba antes de ser detenido, pero reportes forenses recientes disputaron esa versión, mostrando que el paquete había sido colocado a la fuerza en su garganta después de muerto.

Fotos del cadáver de Said, cubierto de heridas y moretones y con dientes rotos y la mandíbula fracturada, fueron puestas en circulación.

Ante la ola de indignación pública, los fiscales inicialmente acusaron a los policías, Mahmud Salah y Awad Ismail Suleiman, de arresto ilegal y maltrato, pero no de asesinato, como demandaba la familia.

Finalmente, los policías fueron declarados culpables de homicidio, luego que el tribunal rechazase los caros más graves de asesinato y tortura.