El penal limeño de San Juan de Lurigancho, uno de los más grandes de América Latina y que hasta 2008 presentaba elevados niveles de hacinamiento y violencia, exhibe hoy un modelo exitoso en el tratamiento y prevención de la tuberculosis (TB) y el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) entre sus internos.

Fortalecida por el apoyo del Fondo Mundial de Lucha contra el VIH, la Tuberculosis y la Malaria, la cárcel ha logrado reducir en los últimos dos años el número de contagios de TB de casi 700 anuales a 500 y ha aplicado una campaña de prevención que ha situado el índice de contagios del VIH dentro del penal a menos del 3 %.

El coordinador nacional de Salud Penitenciaria, José Best Romero, dijo a Efe que en la actualidad la cárcel tiene una población de seis mil internos, el doble de su capacidad, pero en 2008 la cifra se acercaba a 12.000.

El penal en promedio diagnostica cerca de 500 casos de tuberculosis anuales con picos como el de 2009, cuando se llegó a los 700 casos diagnosticados, lo que situó a las prisiones del país entre las que más casos de TB presentan en América Latina.

"La ayuda del Fondo Mundial ha sido uno de los motores del cambio de manejo de la prevención y tratamiento de estas epidemias en Lurigancho", señaló Best Romero.

"El Fondo Mundial ayudó con dinero en la aplicación de un programa especial para la prisión que fue determinante para la creación de un espacio clínico digno que tuvo un costo de un millón de dólares y que se realizó en un año y medio (...) atendemos a toda la población carcelaria con servicios de hospitalización para 120 reos", añadió.

El médico agregó que "en términos sanitarios, en prisiones el problema de la TB es que la transmisión es aérea por lo que el espacio se hizo ventilado y con las condiciones de renovación de aire para evitar que se siga trasmitiendo la TB".

Desde que se implantó el programa patrocinado por el Fondo Mundial se logró diagnosticar más casos de TB y "en los 5 años que duró el proyecto casi se duplicaron los diagnósticos", precisó.

De igual forma, el director general de la Región Lima del Instituto Nacional Pentitenciario (INPE), Henry Cotos Ochoa, afirmó que "según estudios, en las prisiones del Perú, donde la TB es un tema de salud pública, hay cerca de 27 probabilidades más de contagiarse de tuberculosis que afuera de ellas".

En 2010 el INPE registró 1.200 casos de TB en prisiones peruanas.

Datos estadísticos como el anterior hicieron necesaria la creación de una serie de programas para cortar la cadena de contagios y evitar más muertes.

"Gracias a un convenio marco se diseñaron condiciones en 27 establecimientos penitenciarios del Perú con gran número de población para captar y tratar a los pacientes de TB y tener a los internos en buenas condiciones de higiene", recalcó el médico.

En 13 establecimientos de 8 regiones a nivel nacional se implementaron estas condiciones en penales de Lima, Callao, Chorrillos, Ica, Chiclayo, Trujillo, Piura, Quencoro, Huanuco, Pucalta y Arequipa entre otros e inmediatamente los resultados empezaron a verse.

Asimismo, se han puesto en marcha campañas para que los internos sepan cómo se contagia el VIH y cómo prevenirlo y se han realizado tomas de pruebas rápidas que han tenido un 90 % de aceptación entre los reos.

Una de las medidas más llamativas es la entrega a cada interno que ingresa al penal de Lurigancho de un paquete con información, tres condones y un lubricante.

El INPE tiene el desafío de incluir el tema del derecho a la salud en la agenda pública, para lograr mejores resultados en el cuidado de las personas más vulnerables que se encuentran privadas de su libertad, según Best Romero.

El Fondo Mundial es una asociación público - privada dedicada a atraer y desembolsar nuevos recursos para prevenir y tratar el VIH y el Sida, la Tuberculosis y la Malaria y desde su creación en 2002 es el principal órgano de financiación de cerca de 1000 programas contra estas enfermedades por un valor aprobado de 22.400 millones de dólares en 150 países.