Los países de América Latina y el Caribe avanzan en la reducción de la brecha de género gracias a la reducción de la pobreza y de la tasa de mortalidad materna, según un estudio difundido hoy por el Banco Mundial (BM) y ONU Mujeres.

"Trabajo y familia: Mujeres de América Latina y el Caribe en busca de un nuevo equilibrio" es el título del documento dado a conocer hoy en la sede de ONU Mujeres en Nueva York, por su directora ejecutiva, la chilena Michelle Bachelet, y el economista jefe del BM para esa región, el ecuatoriano Augusto de la Torre.

"La política de género en la región está en un momento crucial", dijo De la Torre, que también señaló que "las mujeres en la región enfrentan cada vez más al complejo desafío de equilibrar distintos roles, identidades y aspiraciones".

"Estas complejidades tienen que ser llevadas al corazón del diseño de políticas, con un mayor énfasis en la equidad que la igualdad", agregó el economista ecuatoriano.

El documento asegura que "en muchos aspectos, la brecha de género en Latinoamérica se ha cerrado" y en la actualidad son más las mujeres que los hombres de la región que acuden a escuelas y universidades, con la excepción de las poblaciones indígenas en Belice, Bolivia y Guatemala.

En el mercado laboral, asegura el documento, "la brecha se ha reducido más rápido que en cualquier otra región del mundo en desarrollo" y en la mayoría de los países de la región, la tasa de trabajadoras se ha duplicado desde 1960 y triplicado en Brasil.

Según los datos de ambas organizaciones, desde 1980 son casi 70 millones las mujeres que se han incorporado al mercado de trabajo, y en la actualidad hay más mujeres trabajando fuera del hogar que solo en él, mientras que el porcentaje de mujeres solteras con trabajo es tan alto como el de hombres en la misma situación.

"La mujer latinoamericana ha recorrido un largo camino en un tiempo relativamente corto, con un mayor acceso a la salud, la educación y el empleo", dijo Bachelet durante la presentación del informe.

Bachelet, que presidió Chile entre 2006 y 2010, consideró que los países de la región tienen ahora que "consolidar los logros y reducir las desigualdades, frente a la doble carga del trabajo no remunerado de las mujeres".

También subrayó la necesidad de que en la región aumente la participación política de las mujeres y su liderazgo, al tiempo que destacó el compromiso de la institución que dirige con ese objetivo.

Según el estudio, el compromiso profesional ampliado de las latinoamericanas también se ha traducido en una mayor participación en la política formal, con la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres en la región en casi 24 %, la más alta entre todas las regiones del mundo.

Agrega que ese "espectacular aumento de mujeres trabajadoras" supone también "un nivel de igualdad financiera y social entre hombres y mujeres inimaginable décadas atrás", pero también subraya que "el aumento de acceso al trabajo y la independencia económica no se traducen automáticamente en mayor bienestar".

En el terreno de la educación, las niñas latinoamericanas van completando cada vez más años de escolaridad en la mayoría de los países, con la excepción de Guatemala, Bolivia, México y Perú.

El documento se refiere también a que las tasas de mortalidad materna han bajado en la región desde la década de 1980, en algunos casos hasta el 40 % entre las caribeñas y del 70 % en la región andina, por lo que ahora las tasas de fecundidad latinoamericanas "son tan bajas como las de naciones industrializadas".

Ello refleja, asegura el informe elaborado por De la Torre, mayores inversiones en sanidad y mejoras en el acceso de niñas y mujeres a esos servicios, que a su vez repercuten en su expectativa de vida de las mujeres, que ya viven seis años más que los hombres de la región.

El documento suscita también otros puntos de interés como el alcanzar un equilibrio entre la vida y el trabajo, y así se señala que en América Latina y el Caribe "hombres y mujeres tienden a creer aún que los niños pequeños están propensos a sufrir si sus madres trabajan".

Así, una de las demandas femeninas es la de mayor flexibilidad laboral, pero según el documento "las instituciones formales del mercado de trabajo siguen siendo insensibles a estas necesidades".

Ello lleva a que, agrega el documento, en la región su única salida sea "el empleo informal, sin protecciones laborales básicas y sin el potencial de crecimiento profesional, pero con la flexibilidad laboral que facilita equilibrar las responsabilidades familiares".