Cuba se enfrenta a una encrucijada de políticas sociales y económicas ante el ritmo de envejecimiento y disminución de la población de la isla, donde por primera vez se ha realizado un estudio que revela detalles de las condiciones de vida de los mayores de 60 años.

En los últimos 25 años el envejecimiento en la isla se incrementó en 6,5 puntos porcentuales y en 2010 la población de la tercera edad superó a la comprendida entre 0 y 14 años al alcanzar el 17,8 por ciento del total de los 11,2 millones de habitantes.

Un estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) divulgado estos días prevé que para 2025 los cubanos habrán disminuido en más de 203.000 personas, que su edad promedio pasará de 38 a 44 años y que la cifra de adultos mayores ascenderá a 3,3 millones en 2030.

Se trata de la Encuesta Nacional de Envejecimiento Poblacional realizada entre diciembre de 2010 y marzo de 2011 con indicadores como salud, redes de apoyo y seguridad económica.

El director del Centro de Estudios de Población y Demografía de la ONE, Juan Carlos Alfonso Fraga, precisó a Efe que el estudio nacional es el primero de estas características, y se considera "una herramienta imprescindible para la toma de decisiones" en Cuba.

Según la encuesta, uno de cada dos adultos mayores cubanos "siente temor o incertidumbre" respecto a su situación económica o de salud en el futuro.

Al valorar su nivel de vida de acuerdo con los ingresos que reciben, el 60 por ciento de los entrevistados dijo tener "privaciones y carencias" mientras que 4 de cada 10 personas respondió que "puede vivir entre bien y un poco apretado".

En el documento de la ONE, el mayor porcentaje de los que mencionaron dificultades económicas eligió una opción que especifica que con sus ingresos viven "mal" y "casi no alcanza para vivir".

Un 71,2 por ciento dijo que sus ingresos provienen de la jubilación o pensión, mientras que un 15 por ciento recibe "ayuda de familiares residentes en Cuba o en el exterior".

Se estima que el 54 por ciento de los cubanos mayores de 60 años son jubilados o pensionistas que no trabajan ni buscan ocupación.

De acuerdo con los datos, los ancianos cubanos costean fundamentalmente sus gastos médicos (medicamentos) y las facturas de servicios subvencionados por el Estado como electricidad, gas y agua, pero sólo un 44 por ciento cubre todos sus gastos alimentarios.

En general, el estudio destaca que Cuba presenta un "crecimiento poblacional muy bajo (nulo)" con índices de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo, baja mortalidad infantil, elevada esperanza de vida (78 años) y un saldo negativo de la migración externa.

El Gobierno del presidente Raúl Castro ha manifestado su preocupación por el fenómeno y ya en 2008 el Parlamento aprobó una nueva ley de Seguridad Social que aumentó la edad mínima de retiro en cinco años (mujeres 60 y hombres 65) y modificó el sistema de cálculo de pensiones a partir de los salarios más altos percibidos.

El paquete de reformas económicas que el general Castro impulsa como una "actualización" del socialismo incluye medidas que pretenden seguir transformando las pensiones y los salarios generales con base en un aumento de la productividad.

Dentro de las reformas también están la eliminación gradual de "gratuidades indebidas y subsidios excesivos", la reducción de las plantillas estatales y la apertura del sector privado para concentrar los recursos del Estado y dedicarlos a quienes más lo necesiten.

Pero Cuba debe resolver sus difíciles retos económicos dentro de la lógica de una población cuya fuerza laboral disminuirá por el creciente envejecimiento mientras aumentan los gastos sociales y geriátricos.

Como característica particular, la gran mayoría de los ancianos de la isla tiene hijos vivos y dice vivir en un ambiente favorable en el hogar, donde ocupan las posiciones de "mayor jerarquía".

La mayoría se queja de su entorno por la falta de iluminación, higiene y el estado de las calles, en tanto ven la televisión y la radio como sus principales fuentes de diversión.

Preguntados sobre "lo que más desean y no pueden permitirse por razones económicas", un 42,5 por ciento mencionó que adquirir o arreglar una vivienda, y un 16,2 por ciento dijo que disfrutar de unas vacaciones, viajes o excursiones.