Los mercados financieros desean que la Unión Europea encuentre a mediados de semana una estrategia convincente para atemperar la crisis de la deuda en la eurozona, pero las correcciones que haya que hacer perdurarán en la agenda permanente de la unión monetaria durante los próximos años para resolver los problemas profundos que la asuelan.

La turbulencia a causa del endeudamiento excesivo de algunos países de la eurozona expone las fallas de la unión monetaria emprendida hace 13 años y que son más complicadas que la reconocida decisión desastrosa de Grecia de gastar y pedir prestado en exceso durante los buenos tiempos.

En el corto plazo, las autoridades europeas necesitan reducirle a Grecia el peso de la agobiante deuda y reforzar a los bancos contra las pérdidas que puedan sufrir a causa de los bonos griegos que posean.

Los gobernantes avanzaron el fin de semana en ambas medidas y confían en concretarlas durante su segunda cumbre prevista para iniciar el miércoles.

También necesitan ampliar la capacidad financiera de su fondo de rescate financiero, que es demasiado pequeño, para que pueda respaldar a países como España e Italia a fin de garantizar a los inversionistas que ambos países podrán saldar sus deudas.

Aun si se concretan estas medidas, sin embargo, quedarán pendientes otros problemas profundos que propiciaron en parte la acumulación de la deuda.

Resolverlos tardará varios años, pero sólo si los 17 gobiernos de la eurozona alguna vez se ponen de acuerdo en las respuestas ante lo difícil que ha sido la concertación de un acuerdo para remiendos de corto plazo durante los 22 meses que ha durado la crisis desde que Grecia reconoció su insolvencia.

Los problemas más severos y que han sido crónicos incluyen crecimientos asimétricos y déficits comerciales entre los países del euro, que no pueden ser corregidos mediante simples variaciones cambiarias porque estas son imposibles de decretar por las naciones que utilizan la moneda común.

En el ínterin no hay reglas comprobadas y viables para impedir que los países incurran en un endeudamiento excesivo.

La mayoría de las soluciones propuestas a estos problemas necesitaría alterar los principios del tratado de la Unión Europea en un proceso que demoraría años.

Cuando se lanzó el euro en 1999 ya se sabía que las diferencias del ritmo del crecimiento de las economías presentaría un desafío.

El euro tiene una autoridad monetaria central única: el Banco Central Europeo, con sede en Fráncfort. Esta institución tiene la facultad de imponer una sola tasa de interés.

Así pues, una tasa baja que ayudaría a una economía grande y de lento crecimiento como Alemania propiciaría inflación en las economías más pequeñas y que crecen a más ritmo, en perjuicio de la competitividad de las exportaciones de estas últimas.