La crisis del euro supone "el mayor riesgo actual para la recuperación global" por lo que es fundamental una "resolución rápida y decidida" por parte de Europa y será el punto fundamental de la reunión del G20, indicó hoy una alta funcionaria del Tesoro de Estados Unidos.

"Aunque la exposición financiera directa de EE.UU. a los países más vulnerables de Europa es moderada (...) la estabilidad financiera de Europa es de gran importancia para la confianza tanto del consumidor como de los inversores", afirmó Lael Brainard, subsecretaria del Tesoro para asuntos internacionales.

Por ello, la funcionaria remarcó que la necesidad primordial de las autoridades europeas "es sacar de la mesa el riesgo de una cascada de quiebras bancarias" para lo que deben "construir un cortafuegos que tenga la suficiente potencia y envergadura para calmar a los mercados".

Brainard realizó estas declaraciones en una intervención ante un Comité del Senado de EE.UU. tras participar la pasada semana en la reunión de ministros de Finanzas del G20 en París en la que se preparó el próximo encuentro de jefes de Estado o Gobierno del 3 y 4 de noviembre en Cannes.

El Tesoro de EE.UU. ha aumentado en los últimas semanas sus presiones hacia Europa para que ataje la amenaza de contagio financiero ante el temor de que las indecisiones políticas europeas puedan provocar una nueva recaída económica internacional.

Asimismo, Brainard reiteró el compromiso de su país con "el rol fundamental del G20 a la hora de desarrollar una respuesta colectiva que permita superar las vulnerabilidades a corto plazo y poner en marcha los pasos hacia un crecimiento sostenible".

Y, en este sentido, urgió al Congreso a que respalde los compromisos de Estados Unidos en las instituciones financieras internacionales.

"Nuestro liderazgo en las instituciones financieras internacionales podría estar en riesgo (...) Otras naciones, especialmente China, están deseosas de tomar nuestro lugar en estas instituciones si no hacemos frente a nuestros compromisos", advirtió.

También se refirió a la necesidad de que Pekín acelere "el reequilibrio de su economía hacia una mayor demanda doméstica y un tipo de cambio más flexible".

Para Brainard, la debilidad de las economías avanzadas obliga a que los "mercados económicos emergentes amplíen su papel en el fortalecimiento del crecimiento global".