El agricultor Keith Smith se quedó sin la mayor parte de sus peones hispanos cuando entró en vigor la nueva ley de Alabama para combatir la inmigración ilegal y apeló entonces a trabajadores estadounidense. Pero las cosas no funcionaron: Llegan tarde, son mucho más lentos y quieren dejar de trabajar después del almuerzo o temprano en la tarde. Algunos renuncian después de trabajar apenas un día.

En Alabama y otras partes del país, los agricultores deben buscar peones en el exterior porque los estadounidenses no quieren hacer un trabajo tan duro y mal pagado como el que los inmigrantes están dispuestos a hacer.

"Alguna gente me llamó y expresó interés en trabajar", manifestó Smith. "No rechacé a nadie, pero no son buenos. Este es un trabajo duro y no pueden trabajar como lo hacen los hispanos, que tienen experiencia".

El Congreso de Alabama aprobó su ley de inmigración en junio. De inmediato fue cuestionada en los tribunales, igual que ocurrió en otros estados que adoptaron medidas similares. Pero a diferencia de lo sucedido en esos estados, la mayor parte de sus rubros sobrevivió al desafío legal y la ley entró en vigor casi intacta, lo que ahuyentó a muchos hispanos.

La industria agrícola sufrió el impacto más inmediato. Los agricultores dicen que tendrán que reducir sus cosechas y no descartan perderlas. Este año la medida entró en vigor en plena temporada y muchos temen lo que pueda suceder el año que viene, si no cuentan con suficiente mano de obra de entrada.

En el sur de Georgia, Connie Horner está cansada de escuchar las razones por las que los estadounidenses, incluso los desempleados, no quieren trabajar en su cosecha de arándanos. Hace demasiado calor, la jornada es muy larga, la paga es baja y es demasiado duro.

"No puedes conseguir peones con un status legal", afirmó Horner. "Duran uno o dos días. No exagero".

Horner, quien tiene un campo de 3,24 hectáreas en el que cultiva arándanos orgánicos, dice que trató de usar el programa de visas temporales del gobierno para contratar trabajadores extranjeros, pero que era demasiado costoso y tomaba demasiado tiempo.

Indicó que dejará de cultivar productos orgánicos y apelará a máquinas para recoger las cosechas.

"Hice todo lo que pude para hacer las cosas legal y honestamente y no ser parte del problema", manifestó Horner. "Desde un punto de vista moral, no puedo contratar trabajadores ilegales".

El gobernador Robert Bentley, republicano, que sancionó la ley, lanzó la semana pasada un programa para ayudar a los comerciantes y, sobre todo, a los agricultores, a conseguir trabajadores para reemplazar a los que se van. Hasta ahora, unas 260 personas expresaron interés en trabajar en el campo, según Tara Hutchison, portavoz del Departamento de Relaciones Industriales de Alabama. Y apenas unas tres docenas fueron contratados. La vocera dijo que no sabía si alguien había renunciado.

El senador Scott Beason, republicano, dijo que recibió varias cartas electrónicas y llamadas telefónicas de gente que le agradece por ayudarlos a conseguir trabajo. Indicó que uno le comentó que tenía un trabajo a tiempo parcial, sin beneficios, y que había sido empleado a tiempo completo, con beneficios, porque un inmigrante se había ido.

Sostuvo que ninguno de los que lo llamó quiere hablar con la prensa.

"Están paranoicos en relación con la publicidad. Dicen que no quieren ser descuartizados, como nosotros. Y no los culpo", expresó.

En las últimas dos semanas, la AP se puso en contacto con la oficina del gobernador y con otros funcionarios, pidiéndoles los nombres de residentes legales que se beneficiaron con los trabajos dejados vacantes por los inmigrantes que se van. Pero o no estaban disponibles o no querían hablar con la prensa.

Brent Martin, residente de Alabama, comenzó a trabajar en una plantación de tomates al noreste de Birmingham luego de que se aprobó la ley. El jueves, él y otros dos estadounidenses estaban en plena tarea.

Pero dijo que pocos nativos duran en estos trabajos.

"Hay mucha gente que podría trabajar en esto, pero, ¿lo hará? No estoy tan seguro. No veo por qué no lo hacen tomando en cuenta lo mal que está la economía", manifestó.

Tasas de desempleo relativamente altas --del 9% en el país y el 9,9% en Alabama-- no van a hacer que los estadounidenses trabajen en el campo, sostuvo Demetrios Papademetriou, presidente y cofundador del Instituto de Políticas Migratorias (Migration Policy Institute). Opinó que el problema es más profundo.

"Este es un sector y una industria que ha sido abandonado hace mucho tiempo, desde los años 40, si no antes", sostuvo Papademetriou. "Fue dejado en mano de trabajadores extranjeros".

Stan Eury, director ejecutivo de la Asociación de Agricultores de Carolina del Norte, dice que "los trabajos agrícolas están en localidades rurales aisladas" y que "es en las ciudades donde hay mayor desempleo".

Wayne Smith, quien cosecha tomates, asegura que en los 25 años que lleva en este negocio nunca pudo retener a los empleados estadounidenses.

"La gente de Alabama no va a hacer esto", afirmó Smith, quien cultiva 30 hectáreas de tomate en el noreste del estado. "Trabajan un día y desaparecen".

En su granja, los peones cobran dos dólares por cada caja de 25 libras (11 kilos) que llenan. Los trabajadores experimentados pueden ganar entre 200 y 300 dólares al día, señaló.

Los que no tienen experiencia ganan mucho menos.

Un equipo de cuatro hispanos puede ganar unos 150 dólares cada uno recogiendo entre 250 y 300 cajas por día, expresó Jerry Spencer, de Grow Alabama, empresa que compra y vende productos locales. Un grupo de 25 estadounidenses recientemente llenó 200 cajas, con lo que ganaron 24 dólares cada uno en un día.

Para ganar eso, es preferible quedarse en la casa. El seguro de desempleo representa 265 dólares a la semana, comparado con los 290 que genera un trabajo de 40 horas semanales con el salario mínimo, de 7,25 dólares la hora.

Spencer dijo que los estadounidenses que recomendó a los agricultores no están en buena forma física y no trabajan tan rápido.

"Es el trabajo más duro que te puedes imaginar", expresó.

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Caldwell informó desde Washington. Phillip Rawls colaboró desde Montgomery.