Durante casi 42 años en el poder en Libia, Moamar Gadafi fue uno de los dictadores más excéntricos del mundo, tan inestable que las potencias occidentales lo condenaban a la vez que trataban de ganarse sus favores, mientras ejercía un despotismo brutal sobre su propio pueblo, que acabó por derrocarlo.

Gadafi era un hombre de contrastes. Fue un patrocinador del terrorismo cuyo régimen fue culpado por dinamitar dos aviones de pasajeros, aunque luego ayudó a Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo. Fue un nacionalista árabe que se mofaba de los gobernantes árabes. Y como paradoja, predicó una utopía "revolucionaria" del poder popular pero era el epicentro de una dictadura personalista que alimentó la revolución en su contra.

Su muerte el jueves a los 69 años — confirmada por el primer ministro Mahmud Jibril — ocurrió cuando los insurgentes libios tomaron el últimos bastiones de Gadafi en su aldea natal de Sirte.

Su declaración final de victoria fue formulada semanas después de que fuera barrido del poder por los insurgentes que entraron triunfalmente en Trípoli el 21 de agosto, tras seis meses de guerra civil.

"¡Bailen, canten y luchen!" pidió Gadafi a sus seguidores incluso cuando el enemigo se encontraba en las afueras de la capital, antes de adentrarse en el interior de Libia, donde sus incondicionales continuaron batallando con los insurgentes.

Gadafi deja tras sí una nación de 6,5 millones de habitantes rica en petróleo, traumatizada por su carácter errático, con la ayuda de su familia. Conocido por su vestimenta estrafalaria — desde trajes blancos y espejuelos oscuros a uniformes militares y túnicas de vivos colores decoradas con el mapa de Africa — se consideró una combinación de jefe beduino y rey filósofo.

El presidente estadounidense Ronald Reagan, tras el atentado de 1986 que mató a varios soldados de Estados unidos en Berlín y atribuido a Libia, lo tildó de "perro rabioso". El entonces presidente egipcio Anwar Sadat, que en la década de 1970 libró una guerra fronteriza con Libia, escribió en su diario que Gadafi estaba "mentalmente enfermo" y "necesita tratamiento".

Tras la ostentación y el boato, se entrevistaba constantemente con los dirigentes tribales y oficiales militares cuya lealtad se granjeó mediante cargos que les dejaban jugosas ganancias.

Su única constante fue aferrarse al poder. Numerosos golpes e intentos de asesinato a lo largo de los años concluyeron generalmente con ejecuciones públicas de los conjurados, colgados en las plazas públicas.

El secreto de su duración fue el petróleo, en ingentes cantidades, que yace bajo el desierto africano libio y su capacidad para adoptar cambios radicales cuando se hizo necesario.

El giro más espectacular ocurrió en el 2003. Tras años de negativas, Libia admitió su responsabilidad — aunque no su culpabilidad — en el atentado de 1988 del vuelo 103 de Pan Am cuando volaba sobre la localidad escocesa de Lockerbie, matando a 270 personas. Acordó pagar 10 millones de dólares a los familiares de cada sobreviviente.

Anunció además que Libia desmantelaría sus programas de armas nucleares, biológicas y químicas bajo supervisión internacional.

Las recompensas llegaron pronto. A los pocos meses, Estados Unidos derogó las sanciones económicas y reanudó los lazos diplomáticos. La Unión Europea recibió a Gadafi en Bruselas. La secretaria de Estado Condoleezza Rice pasó a ser en el 2008 la funcionaria estadounidense de mayor rango que visitaba el país en más de 50 años. El primer ministro británico Tony Blair le visitó en Trípoli.

Las empresas internacionales del crudo invirtieron en los yacimientos libios. Documentos descubiertos tras la caída de Gadafi muestran la estrecha cooperación entre sus servicios de espionaje y la CIA en busca de terroristas tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, incluso antes de que Estados Unidos considerara en el 2006 a Libia patrocinadora del terrorismo.

Empero, la metodología rebelde de Gadafi no cambió. Tras detener la policía suiza brevemente a su hijo Hannibal presuntamente por haber golpeado a dos sirvientas en un lujoso hotel de Ginebra en el 2008, el régimen de Gadafi detuvo a dos suizos y obtuvo una disculpa de Suiza y una compensación antes de liberar a los dos rehenes dos años después. Los países europeos, interesados en negociar con Libia, poco hicieron para respaldar a Suiza en la disputa.

Empero, Gadafi pasó a ser un paria una vez más cuando comenzó en febrero la brutal represión del levantamiento popular motivado por la "Primavera árabe". La ONU autorizó en marzo una zona de exclusión aérea en Libia, y la OTAN comenzó una campaña de bombardeos contra sus fuerzas militares.

"Soy un luchador, un revolucionario de las tiendas ... Al final moriré mártir", proclamó en uno de sus últimos discursos televisados durante el alzamiento popular.

Gadafi nació en 1942 cerca de Sirte, hijo de un beduino encarcelado otrora por oponerse a la colonización italiana de Libia. Fue expulsado de la escuela de enseñanza superior por encabezar una manifestación, y castigado en el servicio militar por organizar células revolucionarias.

En 1969, cuando era apenas un capitán de 27 años, se hizo líder de un grupo de oficiales que derrocó al rey Idris. Gadafi pasó a ser el símbolo del Tercer Mundo recientemente liberado del colonialismo europeo.

En la década de 1970, Gadafi comenzó a transformar el país.

Cerró una base aérea estadounidense. Unos 20.000 italianos fueron expulsados en represalia por la ocupación de 1911 a 1941. Fueron nacionalizadas las empresas y negocios.

En 1975 publicó el "Libro verde", su manifiesto político que describió lo que llamó la "Tercera teoría internacional" del gobierno y la sociedad. Declaró que Libia era una "Jamahiriya" — una "república de las masas".

Todo el mundo mandaba, declaró y afirmó que la democracia representativa era una forma de tiranía. Los libios fueron organizados en "comités populares" que llegaron hasta el "Congreso popular", una especie de parlamento.

Al final, el gobierno de todos significó el gobierno de nadie salvo Gadafi, que se ascendió a coronel y se proclamó el "hermano líder".

"Aspiró a crear un estado ideal", dijo el analista Saad Djebbar, de la Universidad de Cambridge. "Terminó sin componente alguno de un estado normal. El 'poder popular' fue el sistema más inútil del mundo".

En las décadas de 1970 y 1980, los grupos partidarios de Gadafi considerados terroristas por occidente oscilaron desde el Ejército Republicano Irlandés a varias unidades del extremismo palestino y grupos musulmanes en las Filipinas. Emprendió entonces aventuras militares en Africa, invadiendo Chad de 1980 a 1989, y suministrando armas, entrenamiento y finanzas a los insurgentes de Liberia, Uganda y Burkina Faso.

Un incidente de 1984 en la embajada libia de Londres aumentó la mala fama del régimen. Un hombre armado disparó dentro de la legación diplomática contra una manifestación de opositores a Gadafi, matando a una policía británica.

Mientras tanto, la tensión fue aumentando entre el gobierno de Reagan y Gadafi por el terrorismo. En 1986, se responsabilizó a Libia por el atentado dinamitero en una discoteca de Berlín frecuentada por soldados estadounidenses y en la que murieron tres personas. Estados Unidos respondió bombardeando Libia. Murieron unos 40 libios.

En 1988 ocurrió el atentado de Lockerbie, seguido un año después por otro contra un avión francés cuando volaba sobre Níger. Ante la indignación de occidente se le impusieron sanciones de todo tipo durante años.

El despegue libio de la pobreza y el atraso comenzó en 1999, cuando el gobierno de Gadafi entregó a dos agentes libios para que fueran juzgados en relación con el atentado de Lockerbie. En el 2001, un tribunal escocés encontró culpable a uno de ellos y lo condenó a cadena perpetua. El otro fue absuelto.

En el 2002, Gadafi dijo a un grupo de libios en la ciudad meridional de Sabha que "antiguamente nos llamaron un estado díscolo. Tenían razón al acusarnos de eso. Antiguamente teníamos una conducta revolucionaria".

Durante su mandato fue un vanidoso que en nada se detenía para ilustrar un argumento.

Sus comparecencias ante la Liga Arabe eran motivo de preocupación para el resto de los delegados. En una de ellas, se enzarzó en una encendida discusión con el rey Abdalá de Arabia Saudí, que desde ese día le tuvo un odio a muerte. En otra, Gadafi fumó cigarros en el salón de conferencias durante los discursos de otros delegados para exteriorizar su desprecio.

En su discurso del 2009 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, balbuceó acerca de lo cansado que estaba por el largo viaje en avión, luego rompió una copia de la carta fundacional de la ONU y dijo que el Consejo de Seguridad "debería ser llamado el consejo del terrorismo".

En sus viajes de estado insistía en alojarse en una tienda. Contaba además con una guardia pretoriana de voluptuosas amazonas — lo que en una ocasión explicó lacónicamente que no hay hombres en el mundo árabe".

Un cable diplomático estadounidense del 2009 difundido por la página de internet WikiLeaks se refirió a la renuencia de Gadafi de permanecer en los pisos superiores de los edificios, su escasa afición a volar sobre agua y un desmedido apetito por los caballos de carreras de pura sangre y el baile flamenco.

"De noche, Moamar sueña; de día, decide", decían los libios en referencia al carácter arbitrario con el que el dictador gobernaba el país, como exigir que todas las puertas de los comercios fueran pintadas de verde, el color de su régimen. O quejarse que los libios viajaban al extranjero para recibir tratamiento médico y decidir que se debía a la carencia de médicos libios, por lo que ordenó a la principal facultad de medicina de Trípoli que aceptara 2.000 nuevos estudiantes, pese a tener capacidad solamente para 150.

Incluso bautizó los meses, llamando a enero "Ayn al-Nar", en lengua árabe "Donde está el fuego"

En la última década, el poder quedó concentrado en sus ocho hijos, que pasaron a encabezar unidades militares de élite. Su hijo Seif al-Islam, educado en Gran Bretaña, era considerado su sucesor. Se desconocía su suerte el día que murió su padre.

Su única hija, Aisha, se hizo abogada y colaboró en la defensa de Saddam Hussein, el derrocado dictador de Irak, en el juicio que concluyó con su ajusticiamiento.

Gadafi usó los ingresos generados por el crudo para construir escuelas, hospitales, regadío y viviendas en una escala nunca vista por esta nación del Mediterráneo.

"Realmente transformó a Libia de uno de los más atrasados y pobres países de Africa en un estado petrolero con una gran infraestructura y razonable acceso del pueblo libio a los servicios esenciales que necesitan", dijo el profesor George Joffe, de la Universidad de Cambridge.

Empero, un tercio de los libios siguen en la pobreza. Gadafi otorgó generosos beneficios a ciertos rincones del país, como Trípoli. Mientras tanto, el oriente de Libia, fuente de la rebelión de febrero, languideció durante años.

Por lo menos uno de sus hijos, Saif al-Arab, fue muerto durante el levantamiento del 2011, y otro, Khamis, al parecer fue abatido. Otros, junto con su esposa Safiya, huyeron a Argelia o Níger.

Seif al-Islam, su heredero aparente, fue herido y capturado por los revolucionarios, en tanto Muatassim,que mandaba una de las unidades militares que participó en la represión de los manifestantes, murió en la batalla final por Sirte.

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Keath contribuyó a este artículo desde El Cairo. Christopher Gillette en Sirte y Rami al-Shaheibi en Trípoli.