El gobierno de Estados Unidos advirtió de manera directa el jueves que hará lo que tenga que hacer para perseguir a rebeldes en Pakistán y Afganistán, con o sin la ayuda de Islamabad.

La secretaria norteamericana de Estado, Hillary Rodham Clinton, encabeza una delegación estadounidense que estará dos días en Pakistán y la cual destaca por el gran número de sus integrantes.

La delegación conversará con autoridades civiles y militares locales que han sido renuentes a atender las demandas previas de Estados Unidos de que adopten medidas enérgicas contra los rebeldes que ataquen a los soldados e intereses de Estados Unidos en Pakistán.

El contingente estadounidense pretende con su gran dimensión hacer una gala de unidad entre las diversos organismos estadounidenses interesados en Pakistán, como la CIA, las fuerzas armadas y el Departamento de Estado.

El jefe de la CIA, David Petraeus, y el presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Martin Dempsey, entre otros, acompañan a Clinton, quien afirmó que la delegación podría "apremiar a Pakistán con seriedad".

Clinton llegó el jueves a Islamabad procedente de Afganistán, donde afirmó con claridad que Pakistán debe ser parte de la solución del conflicto afgano.

Señaló que Washington confía en que el gobierno, las fuerzas armadas y los servicios de espionaje de Pakistán encabecen la lucha contra los grupos rebeldes en este país, al tiempo que impulsen la reconciliación entre los rebeldes y la sociedad en Afganistán.

Funcionarios estadounidenses dijeron que la visita representa un mensaje simultáneo de apoyo y presión.

Las reuniones, en las que también participarán funcionarios de alto rango del Departamento de Estado y la Casa Blanca, se centrarán en la insistencia de Estados Unidos de que Pakistán lance su propia ofensiva contra la red Hakani, que tiene afinidad con el Talibán y que ha mostrado eficacia militar.

La red Hakani actúa en ambas partes de la frontera entre Afganistán y Pakistán, y las autoridades estadounidenses aseguran que Pakistán tolera o apoya las actividades de ese grupo armado.

El alto mando militar de Estados Unidos ha dicho a Pakistán que si Islamabad no actúa contra los hakani, Washington lo hará.

Pakistán tiene destacados 170.000 soldados en su frontera oriental con Afganistán en tanto que más de 3.000 de sus militares han muerto en combates con los rebeldes.

Debido a estas estadísticas, Pakistán rechaza las críticas de Estados Unidos de que no ha hecho lo suficiente o sobrelleva un doble juego en el que combate a rebeldes en algunas zonas y los apoya en otras donde podrían ser aliados útiles en un futuro conflicto con India.