La entrega de un soldado israelí por parte de Hamas dentro de un canje de prisioneros con Israel reconfigura los complejos vínculos regionales, principalmente a favor de las autoridades rebeldes islámicas otrora aisladas de Gaza.

El intercambio, mediado por Egipto, fortaleció las relaciones de Hamas con ese vecino regional importante y eliminó un factor de irritación de gran peso en los vínculos tensos de El Cairo con Israel.

La entrega del sargento Guilad Shalit a cambio de 1.027 palestinos en poder de Israel también elevó la popularidad de Hamas entre los palestinos a costillas del principal rival interno de ese grupo, el presidente palestino Mahmud Abbas, quien estuvo al margen del proceso.

Se desconoce si la concreción del canje tendrá un efecto duradero en los vínculos regionales, en especial si Hamas recurre a la amenaza de capturar a otros soldados israelíes en su intento para lograr la libertad de 4.300 palestinos que continúan en cárceles del estado judío.

La opinión pública palestina, caracterizada por su volatilidad, podría olvidar pronto el canje. Hace apenas un mes, los palestinos habían aclamado a Abbas porque se rehusó a conversar con Israel y optó por buscar el reconocimiento del estado palestino en las Naciones Unidas.

Sin embargo, por el momento, Hamas es el amo y señor de la popularidad.

Los dirigentes de Hamas presentaron el canje, el más desigual para Israel en la historia del país, como una victoria de la ideología radical del movimiento.

Israel sólo entiende el idioma de la fuerza, dijo Hamas en un tipo de revés a Abbas, quien hasta hace poco fincaba esperanzas en las negociaciones pero sin lograr resultados importantes.

Todas las críticas al acuerdo para el canje quedaron acalladas por la euforia que suscitó el regreso del primer grupo de 477 prisioneros palestinos, incluidos más de 280 que cumplían prisión perpetua.

Como sea, los islamistas hicieron concesiones que antes habían rechazado, entre ellas que los principales dirigentes combatientes continúen tras las rejas y que decenas de cisjordanos sean deportados a Gaza o exiliados.

El millón y medio de habitantes de Gaza pagaron un precio muy alto por la captura del militar israelí en 2006 afuera del territorio palestino.

Israel impuso un bloqueo fronterizo debido principalmente al cautiverio de Shalit y al mes siguiente de la captura del soldado las fuerzas israelíes lanzaron una ofensiva militar que dejó más de 200 palestinos muertos.

La negativa de Hamas de dejar en libertad a Shalit, además del disparo de cohetes desde Gaza, también propiciaron que Israel lanzara hace tres años una ofensiva militar que duró tres semanas y en la que perecieron cientos de habitantes y miles de casas quedaron destruidas en Gaza. El bloqueo devastó la economía de Gaza y miles de palestinos quedaron inmersos en una mayor pobreza en la región.

Sin embargo, ahora hay quienes aseguran en Gaza que el precio pagado valió la pena y decenas de miles participaron el martes en la celebraciones de bienvenida para los otrora prisioneros palestinos.

Ambas circunstancias suponen una señal de la renovación del apoyo a los islamistas de Gaza cuya popularidad se había erosionado debido a la mano dura su gobierno y el aislamiento actual de la región.