El asediado presidente yemení puso el miércoles otra condición para dejar el poder, exigiendo a Estados Unidos, la Unión Europea y a las naciones del Golfo Pérsico que le ofrezcan garantías antes de firmar un acuerdo para transferir el cargo y renunciar.

Alí Abdalá Salé ha logrado aferrarse al poder a pesar de las multitudinarias protestas contra su gobierno que comenzaron hace ocho meses, la deserción hacia la oposición de importantes aliados tribales y militares, y una creciente presión internacional sobre él para que renuncie.

Hasta ahora se ha echado para atrás en un plan respaldado por Estados Unidos y propuesto por Arabia Saudí y sus cinco aliados más pequeños del Consejo de Cooperación del Golfo para que entregue el poder a su vicepresidente y renuncie a cambio de inmunidad judicial.

Hablando el miércoles a líderes de su partido, Salé señaló que firmará el acuerdo, pero insistió en que debe haber "garantías para implementarlo".

"En primer lugar queremos garantías del Golfo, en segundo lugar, garantías europeas, y en tercero, garantías estadounidenses", indicó, sin especificar qué tipo de promesas está buscando.

La exigencia parece ser tanto una táctica dilatoria para aplazar la firma, como una maniobra diplomática para contrarrestar la presión antes del voto del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas en los próximos días sobre una resolución que demanda la renuncia de Salé.

En su discurso, Salé acusó a la oposición de echar a pique un acuerdo sobre la iniciativa al exigir que primero firme el acuerdo antes de que se discuta un cronograma para la transferencia de poder. Agregó que la oposición carece de una visión propia y que únicamente está imitando otras rebeliones en la región.