El alguacil más intransigente de Estados Unidos, como él mismo se proclama, compareció el martes en una corte de Arizona con una voz apagada que tuvo poco qué ver con las fallidas investigaciones sobre corrupción encabezada por su oficina y uno de sus aliados contra tres funcionarios públicos.

Las bravuconerías por las que el alguacil del condado de Maricopa, Joe Arpaio, ha sido conocido durante tanto tiempo estuvieron ausentes de la audiencia disciplinaria para el ex fiscal del condado Andrew Thomas.

"Tengo 4.000 empleados. Yo delego", dijo Arpaio cuando se le preguntó si había leído reportes en algunos de los casos de corrupción.

Los abogados que presionan en el caso, por el cual buscan que el alguacil sea disciplinado, dijeron que aquellos funcionarios, jueces y abogados que tuvieron disputas políticas con Arpaio y Thomas fueron a menudo objeto de represalias, en forma de investigaciones por cargos falsos que, en algunos casos, condujeron a acusaciones penales.

Arpaio y Thomas aseguran que estaban tratando de acabar de raíz con la corrupción en el gobierno del condado, mientras autoridades locales aseguran que las investigaciones no tenían sustento.

El testimonio sucede en momentos en que un jurado federal de instrucción investiga acusaciones en contra de Arpaio por posible abuso de autoridad y mientras el Departamento de Justicia de Estados Unidos realiza una pesquisa por posibles violaciones de los derechos civiles de las patrullas antiinmigrantes que él creó.

Arpaio tiene tal poder político que está siendo cortejado por cuatro aspirantes republicanos a la candidatura presidencial para que los respalde públicamente.

El testimonio del martes fue la primera vez que Arpaio es llamado a la corte para explicar su papel en las investigaciones.