El estado brasileño de Río de Janeiro registró 3.088 muertes violentas entre enero y julio pasados, el mejor resultado para ese período desde 2000, informó hoy el Gobierno regional.

El cómputo de muertes violentas cayó un 13,2 por ciento con respecto al año pasado, cuando en el mismo período se contabilizaron 3.559 homicidios, según los datos del Instituto de Seguridad Pública de Río.

La mayoría de los casos se refieren a asesinatos (2.587) y engloban peleas y robos que terminaron con fallecidos y, además, 409 homicidios de supuestos delincuentes muertos en enfrentamientos con la policía.

Los homicidios a manos de la policía suponen el capítulo que ha experimentado una mayor reducción de casos, con una disminución del 27,4 por ciento en estos siete meses.

La contabilidad de homicidios, sin embargo, no incluye el hallazgo de 347 cadáveres, que no fueron registrados como muertes violentas porque se desconoce las circunstancias de los óbitos o porque aún están siendo investigadas.

Los principales indicadores de delincuencia, que incluyen además los robos de automóviles y los atracos, han registrado una tendencia continua de caída desde 2009, según el organismo de seguridad.

Las estadísticas empezaron a mejorar precisamente cuando la policía carioca comenzó a expulsar a las bandas armadas de narcotraficantes de algunas barriadas pobres, que suponen los principales focos de violencia en la ciudad.

Desde 2008 la Policía ha instalado en 17 favelas las llamadas Unidades de Policía Pacificadora (UPP), como se conoce a unos cuarteles en los que trabajan de forma permanente agentes de seguridad y asistentes sociales.

A partir de la instalación de estas UPP, los índices de violencia han caído sensiblemente en las favelas beneficiadas y en los barrios aledaños, según las autoridades.

El Gobierno pretende instalar estos cuarteles en hasta 40 barriadas pobres hasta 2014, cuando se celebrará en Brasil el Mundial de fútbol y dos años antes de los Juegos Olímpicos de Río.