Enfrentamientos entre tropas leales al presidente de Yemen y sus rivales el lunes dejaron al menos 18 muertos y 30 heridos en la capital Saná y la ciudad de Taiz, de acuerdo con funcionarios médicos, de seguridad y tribales.

Ocho seguidores de un poderoso líder tribal que se pasó a la oposición en marzo fueron muertos en choques previos al amanecer con fuerzas leales al mandatario Alí Abdalá Salé en el sector norte de la capital.

Cuatro civiles sorprendidos en el fuego cruzado y dos soldados partidarios del régimen también murieron en los combates, en los que se emplearon morteros, cohetes y ametralladoras. La ciudad fue sacudida por el sonido de las detonaciones durante gran parte de la noche, hasta que los enfrentamientos cesaron al amanecer.

Tres personas también perdieron la vida cuando los morteros alcanzaron un campamento de manifestantes en el centro de Saná conocido como la Plaza del Cambio, donde surgió y se maneja una campaña popular de ocho meses para derrocar a Salé, que ha gobernado al país desde hace 33 años.

Por otro lado, un hombre murió en la ciudad de Taiz cuando pistoleros partidarios del gobierno dispararon a manifestantes el lunes.

No había información confiable sobre cuántas personas fueron muertas y heridas en los combates previos al amanecer en la 1ra División Blindada, encabezada por el general de división Alí Mohsen al-Ahmar, que desertó del gobierno.

El general, que solía ser aliado de Salé, dijo en un comunicado que 91 de sus hombres han sido muertos y 2.300 heridos en los combates entre sus tropas y las fuerzas leales al régimen desde que Salé regresó al país el 23 de septiembre, proveniente de Arabia Saudí.

El mandatario estuvo allí casi cuatro meses para atenderse de heridas y quemaduras graves que sufrió en un ataque a su complejo de Saná a principios de junio.

Al menos 30 personas resultaron lesionadas en Saná y Taiz el lunes, la mayoría en la capital.

Los funcionarios hablaron a condición de guardar el anonimato porque no están autorizados a hablar con periodistas.

Salé se ha aferrado al poder a pesar de enfrentar protestas masivas desde hace ocho meses en diversas partes de Yemen, de la partida hacia la oposición de aliados tribales y militares cruciales y de la creciente presión internacional para que renuncie.

Hasta ahora no ha aceptado un plan propuesto por Arabia Saudí y sus cinco aliados en el Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico para que entregue el poder a su vicepresidente y renuncie a cambio de obtener inmunidad a un posible juicio.