El Museo Nobel, situado en la pintoresca Gamla Stan (Ciudad Vieja) de Estocolmo, dedica actualmente una exposición a Marie Curie (1867-1934) con motivo del centenario de la concesión del segundo premio Nobel a la científica polaca y de la celebración del Año Internacional de la Química.

Marie Curie fue no solo la primera mujer en ser distinguida con el prestigioso galardón, sino también una de las pocas personalidades en recibir dos veces ese premio instituido por el inventor de la dinamita, Alfred Nobel.

Como se señala justamente en la exposición, Marie Curie es un "icono" de la historia de la ciencia: sus investigaciones en torno a la radiactividad cambiaron radicalmente nuestras ideas sobre la estructura de la materia y fueron fundamentales para el desarrollo de la energía nuclear, pero también del de las armas atómicas.

Su idea revolucionaria, que le vino mientras estudiaba en la Sorbona (París), fue que la radiactividad constituía una propiedad atómica, que no química, y sus trabajos y los de otros pioneros como JJ. Thomson, quien propuso en 1897 que la radiación consistía en partículas, o Ernest Rutherford, que propuso a su vez la existencia de dos tipos de radiaciones -la alfa y la beta-, dieron al traste con los fundamentos de la física clásica.

En el invierno de 1897, Marie Curie comenzó a estudiar una serie de elementos y minerales en un intento de dar con el secreto de la radiación recientemente descubierta por Becquerel y junto a su esposo, el francés Pierre Curie -de quien adoptó el apellido pues su nombre de soltera era Marya Sklodowska-, la científica polaca desarrolló un instrumento para medir la radiación.

El matrimonio se dedicó a la búsqueda de substancias más radiactivas y, tras varios meses de trabajos, descubrió un mineral, llamado pechblenda, que emitía cuatro veces más radiación que el uranio.

Se trata de un mineral de color negruzco que desde el siglo XVIII ha sido extraído como fuente de uranio y que, además de ese metal radiactivo, contiene pequeñas cantidades de otros elementos.

Marie Curie llegó a la conclusión de que la radiación emitida por la mayoría de los minerales era proporcional a la cantidad de uranio que contenían y la existencia de una radiación más intensa en el caso de la pechblenda parecía denotar la presencia de un elemento radiactivo desconocido.

El matrimonio Curie descubrió tras varios experimentos que aquel mineral contenía dos elementos hasta entonces desconocidos, al primero de los cuales bautizaron "polonio" -en julio de 1898- y al segundo, "radio", en diciembre del mismo año.

Había, sin embargo, que aislar esos elementos, y Marie Curie decidió concentrarse en el radio y al cabo de tres años de intensos trabajos, logró aislar un décimo de gramo de radio de más de diez toneladas de residuos de pechblenda, mientras que su marido construía una balanza de enorme precisión para determinar su peso atómico, lo que fue posible en 1902.

Al año siguiente, Marie Curie se convertiría en la primera mujer en recibir el premio Nobel - el de Física- junto a su esposo y Henri Becquerel, aunque en un principio solo los dos hombres habían sido propuestos por el comité que lo concede, y solo después de que protestase uno de sus miembros y Pierre Curie dejase claro que no podía aceptarlo si no se incluía a su esposa, se optó por dárselo a los tres.

La concesión en 1911 del segundo premio Nobel - esta vez sola, el de Química- a Marie Curie, que había enviudado ocho años antes, estuvo también rodeado de polémica: la gran científica recibió la noticia poco después de que estallara un escándalo en Francia por un "affaire" con su colega, el físico francés, Paul Langevin, que estaba a la sazón casado.

Pese a que le aconsejaron que no aceptara el galardón hasta que lograra desmentir aquellos rumores, ella respondió que el premio se le había concedido por sus descubrimientos del radio y el polonio y que su vida privada no tenía nada que ver con sus éxitos científicos.

Su condición de mujer y de extranjera fue por otro lado un obstáculo insalvable para su nombramiento a la Academia de Ciencia de Francia, a la que era uno de los dos candidatos con más posibilidades en 1911: se pusieron en duda sus propios logros y se trató de quitarle mérito calificándola de mera "ayudante" de Pierre Curie, con lo que perdió la votación final por 28 frente a 30.

Como recuerda la exposición del Museo Nobel, tuvieron que pasar otros 50 años para que una mujer fuese finalmente admitida a la Academia francesa y también pasaron varios años hasta que otra mujer recibiese un Nobel científico: fue la hija de Marie, Irène Joliot-Curie, distinguida en 1935 con el de Química.

Joaquín Rábago