Una bomba estalló el lunes junto a una tienda de licores en Bagdad, matando a siete personas e hiriendo a otras 18, dijeron funcionarios médicos y policiales.

Tres de los muertos y cinco de los heridos eran policías, dijeron los funcionarios.

La información provino de la policía en el oriente de Bagdad y del hospital adonde fueron llevados los heridos y los muertos.

No estaba claro de inmediato si la tienda de licores o los policías eran el blanco del ataque. Funcionarios de seguridad y policías son a menudo atacados por extremistas suníes que tratan de desestabilizar el país. Milicias extremistas chiítas a menudo han atacado cafés y tiendas de licores.

Más tarde, en otro barrio del oriente de la capital, una bomba estalló junto a una patrulla policial, matando a un civil e hiriendo a otras cuatro personas, dijeron funcionarios de la policía y un hospital.

Todos los funcionarios hablaron a condición de preservar el anonimato porque no estaban autorizados a hablar con la prensa.

La seguridad ha mejorado considerablemente en Irak desde el 2006 y el 2007, cuando escuadrones de la muerte merodeaban las calles y hasta 100 cadáveres eran llevados diariamente a las morgues. Pero ataques como los del lunes aún ocurren regularmente.

Con la retirada de los soldados estadounidenses para el fin del año, las fuerzas iraquíes de seguridad van a ser responsables de proteger la estabilidad del país. Para ello enfrentan duros retos, incluyendo la persistente insurgencia, escasa capacidad para defender su espacio aéreo y tensiones sectarias.