Un sacerdote católico estadounidense que respalda la ordenación de las mujeres fue arrestado brevemente el lunes tras exigir frente al Vaticano que éste apoye su causa.

El padre Roy Bourgeois y unas 10 personas más que lo respaldan caminaron por la avenida principal que lleva al Vaticano mientras sostenían una manta que pedía la ordenación de las mujeres católicas y antes de llegar a la Plaza de San Pedro corearon: "¿Qué queremos? ¡Mujeres sacerdotes! ¿Cuándo las queremos? ¡Ahora!"

Los policías les impidieron entrar a la plaza y les dijeron que retiraran sus mantas porque carecen de un permiso para manifestarse. Cuando los agentes intentaron confiscar los letreros, el grupo se resistió, por lo que Bourgeois y dos de sus partidarias fueron detenidos y retirados de allí en automóviles patrulla, dijeron testigos.

Los tres permanecieron detenidos unas dos horas en un cuartel policial de Roma y posteriormente se les dejó en libertad sin que se les formularan cargos, aunque los fiscales siguen investigando, dijo Bill Quigley, abogado de Bourgeois.

El sacerdote, miembros de la Conferencia por la Ordenación de las Mujeres y otros grupos que apoyan el sacerdocio de las mujeres acudieron a Roma para presentar una petición firmada por unas 15.000 personas que respaldan a Bourgeois, quien podría ser dado de baja de su orden Maryknoll por su apoyo a esta causa.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano del Vaticano dedicado a custodiar las enseñanzas católicas, ordenó a Bourgeois en 2008 retirar su apoyo a la ordenación de mujeres o arriesgarse a ser excomulgado, después de que pronunció la homilía en la ordenación de Janice Sevre-Duszynska, una de varias mujeres que han desafiado a la Santa Sede y dicen ser sacerdotisas católicas.

Las enseñanzas de la Iglesia sostienen que el sacerdocio está reservado para los hombres, ya que Jesucristo sólo eligió varones como sus apóstoles.

Los partidarios del sacerdocio femenino dicen que no hay una base teológica para impedir que las mujeres sean ordenadas, que hay evidencia de que en los primeros años de la Iglesia las hubo y que la prohibición del Vaticano se basa solamente en argumentos sexistas.