Varias excavadoras mecánicas comenzaron el domingo la demolición de las murallas que rodean lo que fue el principal complejo de Moamar Gadafi, conocido como Bab al-Aziziya, en el centro de Trípoli.

El vasto complejo fortificado ha sido odiado desde hace tiempo por los libios, que temían incluso pasar cerca durante las más de cuatro décadas de poder de Gadafi y su captura fue vista como un hito en la guerra civil cuando los rebeldes tomaron la capital a finales de agosto.

Ahmad Ghargory, comandante de una brigada revolucionaria, dijo que las fuerzas han estado ocupadas con la guerra, pero es tiempo de "derribar este símbolo de la tiranía".

Dijo que el lugar será convertido en parque público. El cuartel fue considerado mucho tiempo símbolo central del régimen de Gadafi.

El complejo tipo fortaleza y de gran extensión fue uno de los principales objetivos de los ataques aéreos de la OTAN en los meses que antecedieron al derrocamiento de Gadafi a finales de agosto.

Los combatientes libios capturaron la zona tras días de lucha intensa para tomar el control de la capital.

Los libios ya han convertido el patio frente a la antigua casa de Gadafi, que el dictador usó para muchos discursos tratando de conseguir apoyo durante la revuelta, en un mercados de mascotas. Residentes de Trípoli recorren el lugar como un museo, y vendedores ofrecen banderas rebeldes y otros recuerdos.

El cuartel de Bab al-Aziziya había sido todo un misterio para la mayoría de los libios. A pesar de que es uno de los monumentos más grandes de la ciudad, no hay señalizaciones en las calles que digan en donde está.

Pocos habían ingresado alguna vez y muchos residentes de Trípoli dijeron que preferían no acercarse, por temor de que los guardias de seguridad — tras las altas paredes verdes del complejo — se volvieran suspicaces y trataran de detenerlos o balearlos.

"Nunca fui capaz de entrar a este edificio o incluso pasar frente a estas paredes. Ya no tendremos más paredes en nuestras vidas", dijo Ghargory.

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Gillette reportó desde Sirte, Libia. El periodista de The Associated Press Kim Gamel en Trípoli también contribuyó a este despacho.