Suelen largar en los carriles más lentos, como el uno o el ocho. Provienen de países sin gran infraestructura deportiva para la natación, como Bolivia y Honduras, y muchos entrenan lejos de casa, frecuentemente en Estados Unidos.

Son los rivales considerados más débiles en la natación de los Juegos Panamericanos.

Algunos podrían considerar que estos nadadores sufren por estar en semejante desventaja respecto de las potencias de la piscina. Pero la mayoría muestra su felicidad y orgullo por competir en un gran encuentro deportivo, representar a su país y portar su bandera.

Y evidentemente, algunos son la envidia de sus amigos y de sus compañeros en la escuela.

"Fue increíble estar ahí", dijo Julimar Avila, de 14 años, mientras se quitaba la gorra con la bandera de Honduras. "No pensé que habría tanto público. Subí a los bloques de salida y pensé: '¡Dios mío, estoy a punto de nadar!'"

No está mal para una estudiante de primer año en la Secundaria Weston, en un suburbio de Boston, cuyos padres la alentaron a representar a Honduras en la natación.

Avila nació en Nueva Inglaterra y, aunque habla español, también se expresa en inglés, con un marcado acento bostoniano.

El tiempo que impuso en la piscina fue de un minuto y 6,86 segundos. Se quedó a varios segundos su marca y a eternos 10 segundos del récord mundial en los 100 metros mariposa.

"Me puse nerviosa, pero fue una oportunidad asombrosa en mi primera competencia importante", dijo.

La boliviana Karen Tórrez enfrenta un problema común de los nadadores nacidos en países sin grandes recursos: no tiene en su ciudad una piscina adecuada para entrenar.

"Tenemos (piscinas) de 25 metros, pero no tenemos de 50 metros", dijo la joven de 19 años, originaria de Cochabamba.

Bolivia es uno de los dos países sudamericanos sin salida al mar, y Tórrez dice que practicó durante alrededor de un mes en Florida.

"Compito por que amo mi deporte", aseguró. "La verdad es que en Bolivia (la natación) no tiene importancia como el fútbol o los demás deportes. Es un deporte personal. Se trata de mejorar a su país".

La falta de piscinas no es privativa de países sin salida al mar. Aruba, la isla caribeña, tiene el mismo problema.

"Hay sólo una piscina de 50 metros y todos tienen que compartirla", dijo Daniella Van De Berg, de 15 años, quien nadó el sábado en 5:24,75 minutos una prueba eliminatoria del combinado individual de 400 metros.