Aunque no aparece como favorito en ninguna encuesta electoral, el polémico gobernador de la provincia argentina de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, asegura en una entrevista con Efe que "no baja los brazos" en su pelea por llegar a la Casa Rosada en las elecciones del próximo día 23.

"Estamos segundos o terceros y vamos a pelear por un segundo lugar, no bajamos los brazos", afirma el candidato presidente del frente Compromiso Federal, un peronista ahora disidente que promete viviendas, internet gratis y un futuro "lleno de luz" si es elegido.

Promesas, afirma, que vienen avaladas por su gestión en San Luis, gobernada desde hace cerca de tres décadas por él y su hermano Adolfo, el cual llegó a ser presidente provisional del país durante una semana en medio de la grave crisis del 2001.

La "transparencia" es, según el gobernador, la clave de la gestión familiar en esta pequeña provincia del centro del país, que, gracias a una política de subvenciones y exenciones fiscales, intenta convertirse en un polo tecnológico y se anuncia como el "Hollywood" suramericano, con modernos sets de grabación en los que se han rodado alrededor de un centenar de películas.

En San Luis, se defiende Rodríguez Saá, "no hay amiguismo, eso sería corrupción y San Luis tiene el presupuesto más bajo de Argentina y tiene logros. La clave es soñar y cumplir. Se llama transparencia".

"En Argentina, cuando hay capitalismo de amigos, dicen 'no mires San Luis', no les conviene que yo prenda la luz, pero tenemos un presupuesto equilibrado, no tenemos deuda", presume.

"Es una vergüenza que en el país aumenten las villas miseria (asentamientos marginales), los problemas de seguridad y educación, el capitalismo de amigos", insiste el controvertido gobernador, conocido por excentricidades como la construcción de una gigantesca pirámide para albergar las oficinas de gobierno que, según medios locales, costó más de 80 millones de dólares.

Rodríguez Saá, que en las primarias del pasado 14 de agosto logró más del 50 por ciento de votos en San Luis y fue el único que ganó a la presidenta Cristina Fernández en su provincia, rechaza las críticas y acusa al oficialismo de promover una cultura de "pensamiento único" para tratar de anular a la oposición.

"Nos molesta enormemente esta cultura del pensamiento único en Argentina, la cultura política de no generar debate entre candidatos es un vaciamiento ideológico de las elecciones presidenciales, es dañino a la democracia", denuncia el gobernador, de 62 años.

"Es muy lamentable, pero no bajamos los brazos, debatimos ideas, presentamos programas y aprovechamos la propaganda electoral para explicar conceptos", continúa el gobernador, convertido en uno de los candidatos más populares de la contienda electoral gracias a las tomas falsas de sus spots de campaña colgadas en la red.

El gobernador aparece en sus vídeos de campaña vestido de blanco y con una actitud que recuerda más a un telepredicador que a un dirigente peronista.