Misiles estadounidenses mataron el sábado a seis presuntos extremistas en el noroeste de Pakistán, cerca de la frontera con Afganistán, informaron autoridades paquistaníes.

Los ataques formaron parte de una serie de ataques que podrían indicar la implementación de una estrategia estadounidense más agresiva contra los insurgentes que se refugian en la región.

Estados Unidos presiona a Pakistán para que actúe contra insurgentes afganos en la zona, especialmente la red Haqqani, a la que considera la amenaza número uno en Afganistán y que recibe apoyo del ejército paquistaní.

Independientemente de lo que Islamabad haga, Washington podría incrementar la frecuencia de los ataques con misiles o ampliar su objetivo, aunque ninguna opción podría tensar su ya complicada relación con el gobierno paquistaní.

Washington ha utilizado aviones no tripulados, o drones, regularmente desde 2008 contra la insurgencia y sus escondites en regiones tribales paquistaníes. Las autoridades estadounidenses no reconocen el programa dirigido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). La población civil de Pakistán protesta públicamente por los ataques, los cuales son impopulares en la nación islámica, pero los tolera en la práctica.

En el ataque más reciente, misiles lanzados por drones impactaron un complejo cerca del pueblo fronterizo de Angore Adda, en la región tribal de Waziristán del Sur.

El bombardeo tuvo como blanco a combatientes de Maulvi Nazir, un comandante paquistaní que es acusado de trabajar con el Talibán y al-Qaida para efectuar atentados transfronterizos, dijeron oficiales. Los funcionarios pidieron mantener el anonimato porque no están autorizados a hablar con los medios.

El ataque del sábado fue el más reciente de una serie de ataques con misil que tienen como blanco la región fronteriza infestada de extremistas.