Greenpeace botó el viernes a su nuevo Rainbow Warrior, una goleta de 33 millones de dólares que reemplaza a su barco de 50 años de antigüedad y que presentaba numerosas abolladuras por sus diversos encuentros con balleneros, cazadores de focas y madereros ilegales.

En su primera misión la nueva nave posiblemente enfilará a Estados Unidos dentro de la campaña de Greenpeace contra la quema de carbón para generar electricidad. Después se dirigirá a Sudamérica para llamar la atención contra la destrucción de las selvas tropicales en la Amazonia.

La embarcación, de 58 metros (190 pies) de eslora, con dos mástiles en marco tipo A que se elevan sobre la cubierta, tendrá una plataforma para helicóptero y un sistema de liberación rápida de lanchas inflables para el transporte de los activistas a los puntos de confrontación en el mar.

Melina Laboucam-Massimo, de la nación Cree en Canadá, bendijo la embarcación con humo de salvia y hierba dulce trenzada y con una oración en su lengua nativa. Laboucan-Massimo, de 30 años, activista de Greenpeace y cuya abuela era curandera tradicional, procedió después a una tradición distinta: rompió una botella de champaña contra el casco de la nave.

El nombre de Rainbow Warrior, o guerrero del arcoíris, proviene de una profecía apocalíptica de los cree de que en los días cuando la Tierra afronte la destrucción del hombre, la humanidad se unirá para salvarla y a cada individuo se le conocerá como guerrero del arcoíris.

"Las profecías indígenas mencionan estos tiempos y lo que hemos comenzado a ver es que este tipo de profecías han rendido frutos con organizaciones como Greenpeace y el Rainbow Warrior, al que botamos hoy", dijo.

Los barcos insignia de Greenpeace llevan el nombre de la primera nave hundida en 1985 por comandos franceses en un muelle de Nueva Zelanda y la cual protestaba contra las pruebas nucleares.

El segundo Rainbow Warrior fue retirado de servicio este año y convertido en un buque hospital en Bangladesh. Su última misión fue efectuar mediciones de radiación frente a la costa japonesa tras el desastre del reactor nuclear de Fukushima.