Christopher Ferguson, comandante de la misión STS-135 del Atlantis, la última de la era de los transbordadores, aseguró hoy que la construcción de la Estación Espacial Internacional (EEI) es la mayor herencia de ese programa.

Ferguson, el piloto Douglas Hurley y los especialistas de misión Sandra Magnus y Rex Walheim participaron este jueves en un encuentro en el Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington.

Desde que llegaron a la Tierra, en julio pasado, no han parado de visitar los centros de la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) y dar conferencia por todo el país porque "esto también es parte de nuestra misión", aseguraron.

La difusión de la ciencia entre los más jóvenes y del trabajo que se hace en la EEI, un proyecto en el que participan 16 países, ha ocupado la mayor parte de su tiempo y todavía no se han planteado que harán cuando vuelvan a la "normalidad", dijo Magnus.

Entre un publico entregado, algunos de los cuales levantaron la mano cuando el comandante Ferguson preguntó si alguien presenció el lanzamiento del Atlantis, contaron cómo fue formar parte de la última misión de la era de los transbordadores.

"Los días eran levantarnos, conferencia para planificar el trabajo, trabajo, descanso para almorzar... estábamos ocupados casi todo el día", señaló Magnus, que en una misión anterior permaneció seis meses a bordo de la EEI como parte de la tripulación permanente.

No obstante, reconocieron que dentro de esa apretada agenda, también estaban previstos algunos momentos de ocio, como mirar por la escotilla y tomar fotografías, una de las actividades favoritas de todos.

"Flotar es lo más divertido y lo mejor mirar por la ventana. Ves dar la vuelta a la Tierra completa en tan sólo 90 minutos, ves las luces de noche, ves amanecer, luego ves relámpagos en otra parte...", señaló el piloto.

Para Walheim fue especialmente memorable la visión de la aurora boreal, de la que mostraron las fotos que tomaron al público en una proyección en la que resumieron los hitos de su viaje espacial.

Entre sus tareas, tuvieron que descargar los más de 4.000 kilos de suministros y equipos, incluidos más de 1.100 kilos de comida, que llevaron a bordo del módulo Raffaello, para ayudar a que la EEI continúe operando durante 2012.

Ferguson aseguró que el transbordador ha sido un gran vehículo, que ha hecho un gran servicio a su país y la mayor herencia que ha dejado tanto para Estados Unidos como para la humanidad ha sido la EEI.

Con el regreso del Atlantis la NASA dio por concluida una etapa de 30 años con la que la flota compuesta por cinco de estos vehículos -Columbia, Challenger, Discovery, Atlantis y Endeavour- realizó vuelos tripulados y misiones de carga.

Pero todavía queda mucho por hacer en el espacio, respondió el comandante a la pregunta de un niño qué se cuestionó qué hará la NASA ahora.

Entre los planes de la NASA está diseñar naves capaces de viajar más allá de la Baja Órbita Terrestre y se ha marcado como objetivo llegar a un asteroide en torno a 2025 y a Marte en 2030, un lugar en el que, a pesar del entusiasmo de muchos niños presentes, no se ve el especialista Walheim.

"Es algo que necesitamos hacer", dijo Walheim a Efe, "pero es una idea de la que creo que va a ser difícil convencer a mi familia", bromeó. "Es un viaje muy largo y creo que he disfrutado mi tiempo de vuelo en el espacio pero ha llegado el momento de seguir adelante e implicarme en otros aspectos del programa espacial".

Ferguson aseguró que todavía queda mucho por explorar y animó a los niños presentes, algunos del Smithsonian Early Enrichment Center (SEEC), a que se formen en matemáticas y ciencia para enrolarse en la NASA."¡Los vamos a necesitar!", aseguró.

Entre los niños del público, destacaba Aurora, de 4 años, quien vestida con su traje espacial quiere ser astronauta, según su madre, Melissa Ljosa. Tal es su afición por el espacio que al grito de Buzz Aldrin, piloto del Apolo 11, sonríe para que le hagan una foto junto al modelo de un transbordador.