El poeta florentino Dante regresa tras setecientos años de ausencia física, a reivindicar su paternidad de la lengua italiana improvisando su arte como trovador en la noche de Roma.

Dante lleva encarnándose, desde hace tres años y medio, en Massimiliano Carrisi, actor profesional, de 46 años, romano de adopción, y con más de 20 años de experiencia teatral, que durante varias horas del día se disfraza de autor de "La Divina Comedia".

Ataviado con el tradicional atuendo con el que se identifica al primer bardo en lengua italiana, es decir, casulla escarlata hasta los pies y corona de laureles que acreditan su condición de poeta, "Dante" vaga por los tradicionales barrios de la capital italiana improvisando tercetos, octavas, endechas.

"Dante" se detiene en terrazas, entra en restaurantes, saluda y es saludado, galantea y roba sonrisas, recibe cerradas ovaciones tras recitar sus versos.

Carrisi ha perfeccionado el "servicio de urgencias poéticas", una disciplina o una diversión, "un trabajo inventado que permite vivir bien".

"Un auténtico maratón de concentración" que implica rimar con solvencia durante al menos cuatro horas diarias.

Un sofisticado servicio del que dan cuenta sus tarjetas de visita: "Con Dante o Con Virgilio/ Sumos Vates a Domicilio/ Para una tarde Bardórica/ Con el arte trovadórica".

"Soy un autodidacta", apostilla Carrisi cuando logra imponerse a "Dante", un personaje que ya interpretaba su maestro Riccardo Zuffellata y que ha sabido complementar con sus propias obsesiones y pasiones.

Porque hay dos Massimilianos Carrisi: de un lado, el dramaturgo, el autor teatral, el "enamorado rendido del teatro"; del otro, el bardo peregrino, el ciudadano nocturno.

Ambos confluyen en una vena humanística sin la cual no pueden existir ni el bardo ni el dramaturgo.

Ponerse en los paños de Virgilio, y acompañar a Dante en su búsqueda de un ideal mientras se convierte en cronista de lo que le rodea, es descubrir buena parte de las miserias y noblezas del ser humano.

"Estudio los comportamientos humanos, el lenguaje corporal, y así sé cómo debo actuar, y qué debo interpretar", dice el actor a través de la voz de la experiencia, una voz que es vigorosa, imponente, hecha a sí misma tras tanto tiempo de declamación.

Los recursos de "Dante" son impresionantes: gestos medidos, pensados, calculados; palabras precisas, imprevisibles, sorprendentes por su impacto que impresionan al público romano.

"La poesía es curación, es sana. Los poetas eran los primeros sabios", comenta Carrisi en los momentos en que Dante puede darle tregua.

El repertorio que arrastra a las fiestas, a los actos sociales que ameniza, es amplio, y en él no faltan, porque no pueden faltar, Dante, Shakespeare, Baudelaire, García Lorca o Neruda.

"Anoche cuando dormía/ soñé, ¡bendita ilusión!, que una fontana fluía/ dentro de mi corazón", recita con alma, desde el alma, el poeta, empleando un castellano impostado, pero prístino, citando a Machado.

El estilo que emplea en su vagar, "de cabaret o de poesía tradicional, según las circunstancias", enorgullece al Dante que hay en Carrisi y al Carrisi que hay en Dante.

"El secreto de la palabra es conocer su paradoja; se basa siempre en contrarios, sobre todo en los contrarios de mi modo de ser, de vivir, como un humanista, como Dante", sostiene.

Antes de perderse en la torcida vía de la vida, en pos de Beatriz, Dante se niega a dejar toda esperanza cuando entra en el reino de la noche.

"Busco levantar el ánimo de los desesperados, de los que no ven un futuro", afirma.

Regresa a la Divina Comedia Humana dejando una sonrisa en el aire: "He logrado realizar mi sueño, ser actor a tiempo completo", concluye.

Joaquín Torán