La ambición por mantenerse en el poder es tan antigua como la política y Argentina no es una excepción a esta regla, como demuestran los casos de dirigentes que tratan de revalidar sus cargos en las elecciones del próximo día 23.

El ejemplo más sonado de este "síndrome de hybris" o "borrachera del poder" es el del kirchnerismo, como se conoce al modelo que estrenó el fallecido expresidente Néstor Kirchner en 2003.

En caso de que su esposa y sucesora, Cristina Fernández, sea reelegida presidenta, como señalan las encuestas, el kirchnerismo completará 12 años de Gobierno, el plazo más extenso de una gestión nacional desde el retorno de la democracia, en 1983.

"Lamentablemente no ocurre sólo en Argentina, sino que éste es un fenómeno recurrente en América Latina, sobre todo cuando las arcas del Estado están abultadas y pueden salir en auxilio de quienes están fuera del sistema", aseguró a Efe el analista Jorge Arias, de la consultora Polilat.

"En este caso, cada persona es un voto y por lo tanto el régimen de asistencia mediante subsidios tiene un fuerte peso porcentual en Argentina", destacó.

Si se bucea por el interior del país, los casos de continuidad excesiva en el poder brotan como los árboles.

Uno de ellos es el de la familia Rodríguez Saá en la central provincia de San Luis, que coquetea con el poder desde el siglo XIX.

En total, diez integrantes de la familia han ocupado el cargo de gobernador de ese distrito. Los últimos son los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá.

El primero gobernó San Luis entre 1983 y diciembre de 2001, cuando fue presidente de Argentina durante una semana, en medio de una crisis institucional sin precedentes derivada de la renuncia del radical Fernando de la Rúa.

Alberto, en tanto, ocupa el gobierno provincial desde diciembre de 2003 y el próximo 23 será uno de los siete candidatos que lucharán por la Presidencia, en representación de Compromiso Federal (peronismo disidente).

"Nos descalifican diciendo que San Luis es nuestro feudo. Pero nosotros tenemos una continuidad democrática y una gran calidad institucional que nos han dado resultados contundentes. La principal riqueza de la provincia es la buena gestión", reza una publicidad de "el Alberto".

Otro ejemplo testigo es el del kirchnerista José Luis Gioja, que fue elegido gobernador de la cordillerana provincia de San Juan en 2003, reelegido en 2007 y que el pasado mayo ganó un referendo que le habilitó a ser candidato por tercera vez consecutiva el 23 de octubre.

Parecido es el caso de otro delfín de la presidenta argentina en Jujuy, el peronista Eduardo Fellner, que gobernó ese distrito norteño entre 1998 y 2007, y ahora va por un nuevo mandato.

Ejemplos menos mediáticos, aunque no menos significativos, son los del matrimonio Melchiori en Entre Ríos, los hermanos Orellana en Tucumán y el de Félix Pérez en Jujuy.

Carmen Toller es una profesora de historia que en 2003 asumió la alcaldía de Villa Paranacito, una localidad formada por un puñado de islas en el río Paraná con unos 6.000 habitantes conocida como la "Venecia argentina".

La alcaldesa peronista, que se postula para la reelección, sucedió a su marido, el médico Eduardo Melchiori, quien lideró el municipio desde 1991 y dejó el cargo para ser senador provincial.

Aunque les llaman "los mellizos", José y Enrique Orellana son en realidad gemelos y desde 1991 se alternan casi sin oposición en el gobierno de la ciudad tucumana de Famaillá, que luce inmensos carteles con sus fotos junto a las de Cristina Fernández.

"Peronistas desde la cuna", como se definen, obtuvieron el 60 por ciento de votos en agosto pasado y fueron confirmados para un nuevo período de gobierno.

También va por la reelección Félix Pérez, desde hace 16 años alcalde de la jujeña Tilcara, aunque su caso es más extraño porque "el Diaguita", como le apodan, es radical en una provincia dominada por el peronismo.

Para Jorge Arias, la responsabilidad por esta abusiva continuidad en el poder "no hay que adjudicarla sólo a los políticos. Estamos en presencia de ciudadanos para los que las instituciones no cuentan en la medida de que los bolsillos estén bien. Y también existe una corte del poder que vive de este esquema y no le conviene que cambie nada".

En marzo pasado, la diputada Diana Conti reconoció que había cometido un error al insinuar que el sector ultrakirchnerista al que representa preparaba un proyecto de reforma constitucional porque quería una "Cristina (Fernández) eterna en el poder".

Algo más de claridad agregó en estos días el jefe del Gabinete, Aníbal Fernández, cuando consideró un "sinsentido" esta posibilidad y dijo que "si alguien ha respetado las instituciones es la presidenta argentina".