El quinto Rey Dragón descendió de su trono dorado y le colocó a su prometida una corona de seda en la cabeza. Entre cánticos de monjes, ella se sentó el jueves a su lado como la nueva reina de Bután, una pequeña nación del Himalaya.

La boda del rey Jigme Khesar Namgyal Wangchuck con su prometida plebeya dejó encantada a la nación, la cual veía con impaciencia creciente que su gobernante soltero, de 31 años, no exhibía urgencia de desposarse ni comenzar una familia desde que heredó el poder hace cinco años por retiro de su padre.

La celebración dio inicio a las 8.20, la hora que escogieron los astrólogos reales. El rey apareció vestido con una túnica dorada llena de flores rojas que le llegaba apenas debajo de las rodillas y envuelto en una banda amarilla real.

Calzado con botas multicolores, caminó hacia el patio del monasterio del siglo XVII en la capital antigua, Punakha, y subió una escalera alta en el interior.

Minutos después, su prometida, de 26 años e hija de un piloto de aviación civil, hizo acto de presencia al término de una procesión de monjes vestidos de sotanas rojas y personas que llevaban banderas al otro lado de un puente de madera que se extendía sobre un ancho río azul contiguo a la fortaleza. Ella también ingresó al interior del monasterio.

Varios cantantes hicieron oír sus voces en medio del sonar de los tambores y de unas trompetas largas de tipo tibetano. La joven lució un vestido tradicional que la cubría toda y un saco dorado que tenía puños de rojo intenso.

En el interior, los principales clérigos de la nación, que presidieron la boda, efectuaron una ceremonia para la purificación de la pareja frente un tapiz enorme de 30 metros (100 pies) con la imagen del fundador de Bután en el siglo XVII, el rey monje Zhabdrung.

La pareja después se dirigió al templo para una ceremonia televisada en vivo a nivel nacional, salvo por algunos minutos cuando el rey, su padre y el clérigo, conocido como el Je Khenpo, ingresaron en la tumba sagrada de Zhabdrung, a la que sólo ellos tienen acceso.