¡Rayos y truenos! Steven Spielberg obtuvo el sello de aprobación de la tierra de Tintin — y eso no es tarea fácil.

En la ciudad natal de Tintin, periodistas especializados en cine pudieron ver esta semana un adelanto de "Las aventuras de Tintin — El secreto del unicornio", y las cuchillas se afilaron en caso de que el magnate de Hollywood se haya entrometido y profanado quizás al más grande personaje de historietas de toda Europa.

Nada que temer.

Para el final de la película, los críticos se mostraron tan cautivados como el fiel amigo de Tintin, el Capitán Haddock, con una botella de whisky.

"Justo en el blanco", tituló el periódico De Standaard. "Una joya pura", sentenció el diario en francés Le Soir en su primera página.

Spielberg acudirá en persona al estreno el 22 de octubre, sabiendo que los mismos críticos le han extendido la alfombra roja.

"Las aventuras de Tintin", coproducida por Peter Jackson ("El Señor de los Anillos"), aspira ser el éxito de la temporada navideña en Estados Unidos. Pero al igual que el intrépido joven reportero que es su protagonista, el filme ha tomado el camino menos trillado al éxito.

En lugar de debutar en Estados Unidos, lo hará en otros rincones del mundo en Europa, Asia y el Medio Oriente, para crear suficiente ruido entre los fans estadounidenses, para quienes la palabra mágica de Tintin es aún algo desconocida.

En Francia, la revista Le Figaro ya la ha calificado como "la película más esperada del 2011".

Los libros de historietas se han traducido a más de 70 idiomas, desde chino y armenio hasta inglés y español, y han vendido decenas de millones de ejemplares. Pero sólo en Bélgica se han arraigado al ADN de los más pequeños desde la década de 1950. Y han hecho del caricaturista Herge, quien murió en 1983, todo un héroe nacional.

Desde el inicio de la cinta, Spielberg le hace una solemne reverencia a Bélgica y al artista, con una primera escena en un mercado de curiosidades donde Herge es un dibujante de la calle retratando a muchos de sus verdaderos personajes.

Los esbozos son la transición perfecta para el mundo del filme, con personajes creados mediante la tecnología que permite capturar los movimientos de actores en la vida real.

"¿Capturé algo parecido?", le pregunta el computarizado Herge a su modelo.

El enfático 'sí' también aplica a la escenografía de Spielberg.

Lo más increíble de todo, el espíritu de las amarillentas y decoloradas páginas de los viejos álbumes de Tintin que tantos belgas han guardado en sótanos y áticos se traslada notablemente bien al siglo XXI.

"El americano captó totalmente la gramática de Herge", dijo Le Soir.

Esos cineastas de Hollywood recrearon la Bélgica de los años 40 al punto que el crítico de De Standaard escribió con admiración que "las aceras y fachadas de Bruselas son reconocibles".