El Consejo de Seguridad de la ONU votó unánimemente el miércoles para autorizar la presencia por otro año de una fuerza de 130.000 efectivos en Afganistán, encabezada por la OTAN, alegando su grave preocupación por las actuales actividades terroristas y criminales en el país, y por el aumento de víctimas civiles.

La resolución adoptada por el organismo más poderoso de la ONU también ordena más entrenamiento extranjero de la Policía y el ejército afganos para acelerar el avance del país hacia la autosuficiencia y para que alcance la meta de transferir gradualmente la responsabilidad de la seguridad interna, de la fuerza de la coalición al gobierno afgano, a finales de 2014.

La resolución pidió a todos los países miembros que aporten soldados, equipo y otros recursos a la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés) y continúen los esfuerzos para apoyar la seguridad y la estabilidad en Afganistán.

Al declarar que la situación en Afganistán "sigue constituyendo una amenaza a la paz y la seguridad internacionales", el Consejo amplió el mandato de la ISAF hasta el 13 de octubre de 2012.

A principios de octubre, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, reiteró una queja norteamericana de que muchas naciones de la OTAN no han provisto los instructores necesarios ni los fondos para la guerra en Afganistán.

Aunque la guerra se realiza bajo la bandera de la OTAN, Estados Unidos soporta la mayor parte de su carga financiera, tras el despliegue de casi 100.000 soldados en ese país durante los difíciles años de la subida del conflicto, con el fin de aplacar la violencia talibana.

El Consejo de Seguridad hizo hincapié en "la naturaleza interconectada de los desafíos en Afganistán", entre ellos la seguridad interna, el buen gobierno, los derechos humanos, el imperio de la ley, la rendición de cuentas y el desarrollo, mientras se lucha contra el narcotráfico y la corrupción.